Todo el Alto Aragón es un gran plató de cine. No es exagerado hacer esta afirmación, ya que la realidad le da plena validez. De hecho, son muchas las películas que en este territorio se han filmado, en localizaciones que van desde las cumbres de los Pirineos hasta los paisajes desérticos de Los Monegros, pasando por los somontanos.
Sirva la expresión “monumento de cine” para referirse al castillo de Loarre, edificado sobre un promontorio rocoso del Prepirineo. Ha aparecido en numerosas producciones, como por ejemplo El reino de los cielos, que dirigió Ridley Scott y que protagonizaron Eva Green, Orlando Bloom, Jeremy Irons, Liam Neeson y Ghassan Massoud.
El castillo de Loarre, desde el que se puede divisar prácticamente toda la comarca de la Hoya de Huesca, representa la revolución que vivió Aragón en el siglo XI, liderada por el rey Sancho Ramírez.
Esta fortaleza pasó de ser mera atalaya, desde la que controlar posibles incursiones islámicas hacia las montañas, a convertirse en punta de lanza para acometer la conquista del valle medio del Ebro, incluida Zaragoza (o Saraqusta, como se le llamaba entonces).
No obstante, Sancho Ramírez tenía en Huesca un freno a sus aspiraciones expansionistas, dado que esta ciudad formaba parte todavía de al-Ándalus. En el empeño de tomarla, perdió la vida. Fue, según se cuenta, ante las murallas de la que ya era en ese momento una población milenaria, llamada Bolskan por los íberos, Osca por los romanos y Wasqa por los musulmanes.
Un recorrido por su historia y por la del resto del Alto Aragón se puede realizar, de forma entretenida y enriquecedora en el Museo de Huesca, el cual permite zambullirse en el pasado prehistórico, antiguo, medieval y moderno de este territorio.
En ese inmueble estuvo la Universidad Sertoriana. Fue la primera del Reino y la segunda de la Corona de Aragón, tras la de Lérida. Se inspiró en la escuela fundada en la Antigüedad por Quinto Sertorio, que estableció en Osca la base de sus operaciones políticas y militares. A él se debe que esta ciudad fuese la única en atreverse a crear un senado alternativo al de Roma.
Huesca es cuna de reyes, como Petronila, Alfonso II y Pedro II. Y en ella, en concreto en el panteón ubicado en la iglesia de San Pedro el Viejo, descansan los restos de Alfonso el Batallador —emperador de toda Hispania— y de Ramiro el Monje.
La conquista de la ciudad por Alfonso I, acompañando a su hermanastro Pedro I, y el supuesto escarmiento dado por Ramiro II a varios nobles levantiscos constituyen el contenido de la obra La campana de Aragón, escrita por Lope de Vega.
El Batallador pasa muy desapercibido como personaje legendario, incluso para los propios oscenses y aragoneses. No obstante, algo está cambiando, ya que va tomando cada vez mayor fuerza la tesis que apunta a que sirvió de inspiración para el mito del rey Arturo y el Grial, a partir de los textos escritos por Chrétien de Troyes y Wolfram von Eschenbach, autores de Perceval o el cuento del Grial y de Parzival.
¿Sería Camelot el castillo de Monteragón? ¿O lo sería la villa medieval amurallada de Jaca? También se cita para tal comparativa la fortaleza de El Castellar, a orillas del río Ebro, en la que estuvo cautiva la esposa de Alfonso el Batallador, la reina Urraca de León, apresada por el propio monarca.
Otro literato universal, Baltasar Gracián, encontró inspiración en Huesca, en la que residió durante varios años. En ella escribió algunas de sus obras más célebres. Los aforismos que componen el Oráculo manual y arte de prudencia siguen teniendo plena vigencia para afrontar airosamente los retos de un mundo siempre hostil.
Y se debe nombrar aquí y ahora a la escritora estadounidense Edith Wharton, ganadora en 1921 del Premio Pulitzer por La edad de la inocencia. Al poco de recibir tal reconocimiento, recorrió la mitad norte de España en coche, camino de Finisterre y de Santiago de Compostela.
La autora neoyorquina mostró en su diario de viaje la grata impresión que le causó el patrimonio monumental de Jaca, Santa Cruz de la Serós, San Juan de la Peña y la propia ciudad de Huesca, así como los paisajes contemplados a su paso por el Alto Aragón.
En la capital oscense nació Lucas Mallada, al que se le considera eminente geólogo y padre de la paleontología española, y vivió Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina. Ambos tienen la suerte de no haber caído en el olvido, siendo recordados en calles y equipamiento urbano.
Llegados a este punto, ¿por qué debemos citar la localidad andaluza de Jerez de la Frontera? Porque en un encuentro nacional allí celebrado se propuso crear una distinción que llevase el título de Ciudad Europea del Cereal.
Dicho lo cual, ¿acaso Huesca no sería merecedora de ese reconocimiento? Sí, podemos responder que sí podría recibir tal mención. Y, ¿qué argumento se debería esgrimir? Un mero paseo por los somontanos de la Hoya y de Barbastro, y por las restantes comarcas altoaragonesas, despeja cualquier duda.
Da igual si uno mira a los campos de secano o a los de regadío. Un observador del paisaje agrícola oscense encontrará cientos de miles de hectáreas de terreno cultivadas de cereales, sobre todo cebada, trigo y maíz.
Huesca acoge, además, la sede de Riegos del Alto Aragón, tenida por una de las comunidades generales de regantes más importantes de Europa. Lo es junto con el otro gran sistema que hay en esta provincia: el Canal de Aragón y Cataluña.
La Hoya es, desde la Antigüedad, tierra de cereal y también de vino y aceite de oliva. Es, por tanto, territorio de la triada mediterránea, basada en esos tres cultivos tradicionales, a los que habría que añadir el de las almendras. Tiene bodegas y almazaras en distintos puntos de su geografía, perteneciendo su zona occidental a la Indicación Geográfica Protegida vinícola Ribera del Gállego-Cinco Villas.
Esta comarca cuenta desde hace varias décadas con una lámina de agua de tamaño significativo: el embalse de La Sotonera, con su atractivo para el turismo ornitológico y para los deportes acuáticos. A esta obra hidráulica se suma la de Almudévar, en el triángulo formado por esta población, por Huesca y por Tardienta, ya en Los Monegros.
A poniente, la Hoya de Huesca se introduce en la provincia de Zaragoza, donde se ubica el río Gállego; su cauce es frecuentado por los amantes de los deportes de aguas bravas. Mientras, a levante de esta comarca se sitúa el Alcanadre, que acaba desembocando en el Cinca.
Es un territorio propicio para eso que se ha dado en llamar turismo activo. El conjunto de la provincia de Huesca ha llegado a ser reconocido como “el mejor destino de aventura de Europa y del mundo”, y prácticamente todas las comarcas son representativas de ello; la Hoya no es una excepción, dado que ofrece una sucesión de monumentos naturales.
Hay enclaves pétreos tan icónicos como los mallos de Agüero y de Riglos, así como el Salto de Roldán. Y, por supuesto, también hay que citar las formaciones rocosas que configuran el Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, las cuales despertaron un interés enorme en el explorador Lucien Briet, una vez que terminó de estudiar Ordesa y Monte Perdido.
Todo ese catálogo de montañas y sierras, que marcan el linde septentrional de la Hoya de Huesca, forma parte del Prepirineo, y a sus pies el inventario de fortificaciones y templos es extenso y rico.
Una muy somera enumeración de ese patrimonio incluiría la iglesia de Santiago, en Agüero; la ermita de la Virgen de la Peña, en Aniés; la colegiata de Bolea; la ermita de Salas, en Huesca, mencionada en las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio; el castillo de Montearagón; la iglesia de San Miguel de Foces, en Ibieca; y el monasterio de Casbas, cuya advocación da nombre a la zona, conociéndose como el valle de la Gloria.
La ciudad de Huesca representa cuantas manifestaciones hay en la provincia en materia de tradiciones. La actividad festiva en torno a la figura de San Lorenzo, natural de esta localidad, es un ejemplo. Y, ¿qué localidad del Alto Aragón no celebra sus fiestas patronales, en las que no suelen faltar los dances y la jota aragonesa?
Además, no hay festejo que se precie sin mesa y mantel. Ahí tienen cabida los dulces típicos de cada comarca. El registro de lamines no puede ser más variado en esta provincia. Y en ello la capital oscense, lo mismo que otras muchas poblaciones altoaragonesas, tiene mucho que decir y ofrecer.
Mirando al futuro, Huesca va saliendo poco a poco de un letargo universitario que duró demasiado tiempo. Va incorporando nuevas titulaciones en los distintos campus con los que cuenta, pertenecientes a la Universidad de Zaragoza.
No sólo sufrió una profunda y severa atonía en el ámbito académico. El encefalograma prácticamente plano también fue nota destacada en materia ferroviaria, con trenes antediluvianos y suspirando por tener una línea electrificada.
Esta infraestructura acabó llegando y lo curioso del caso es que se pasó de extremo a extremo, ya que, nada más contar con un tren TALGO Altaria, Huesca se convirtió de la noche a la mañana en una de las primeras ciudades AVE, cuando la alta velocidad española era modelo de excelencia para el resto del mundo.
Y no sólo eso, porque se creó el Aeropuerto de Huesca-Pirineos, construido en terrenos que habían sido usados durante buena parte del siglo XX para la práctica de vuelo sin motor, batiéndose en muy numerosas ocasiones los mejores registros de permanencia en el aire, altitudes alcanzadas y distancias recorridas.
No obstante, la gran reivindicación de la ciudad ha tenido durante décadas forma de autovía: la Pamplona-Huesca-Lérida. En la capital oscense se celebró en los años noventa del siglo pasado una cumbre institucional que solicitó la ejecución de esta obra, llamada a articular el Alto Aragón, al conectar seis de sus diez cabeceras comarcales: Jaca, Sabiñánigo, Huesca, Barbastro, Monzón y Binéfar.
Mientras avanzaba ese proyecto y de forma paralela, el corredor Huesca-Zaragoza veía la construcción del Parque Tecnológico Walqa y de la Plataforma Logístico-Industrial Huesca Sur (PLHUS). La atención está puesta en la actualidad en la evolución que puedan tener proyectos vinculados con las nuevas tecnologías, los datos y la inteligencia artificial.
Continuará.
Este texto es obra de Alberto Cebrián.
HUESCA, HIJA DE PYRENE. PRÓLOGO:
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HUESCA, HIJA DE PYRENE. LA JACETANIA:
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HUESCA, HIJA DE PYRENE. ALTO GÁLLEGO:
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HUESCA, HIJA DE PYRENE. SOBRARBE:
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HUESCA, HIJA DE PYRENE. LA RIBAGORZA:
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HUESCA, HIJA DE PYRENE – Los Monegros, un territorio siempre vivo
Los Monegros son puro contraste con el paisaje que se puede observar en el resto de la provincia de Huesca, tanto en la cordillera pirenaica como en el Prepirineo y sus somontanos. Constituyen el nexo de unión entre las montañas y el valle del Ebro, sobresaliendo su carácter árido extremo.
Estamos ante una estepa o llanura dotada de una geología singular y no exenta de montículos y de torrollones cincelados por las lluvias de las tormentas y por el cierzo, así como de estribaciones como la serranía de Alcubierre, resultado de la suma de varias sierras: la Alta de Leciñena, Lanaja, Pallaruelo y Santa Quiteria.
Precisamente estas montañas, de no excesiva altura —no llegan ni tan siquiera a alcanzar los novecientos metros de altitud—, marcan el límite entre las provincias de Huesca y de Zaragoza. La comarca de Los Monegros se ubica en la primera pero se adentra también en la segunda.
Llama la atención que, aun siendo característica su aridez, su nombre —Los Monegros— derive de la expresión “montes negros”, en alusión a los bosques de pinos, enebros y sabinas que había en este territorio y que todavía perduran en la citada serranía de Alcubierre.
Y no, no es cierto que la mayor o menor masa arbórea que hubiera en su momento en tierras monegrinas quedase deforestada para construir las embarcaciones de la Armada Invencible. Es lo que se ha dicho y se sigue diciendo en más de una ocasión, aunque ello no obedece más que a una mera leyenda urbana.
Lo cierto es que es una comarca que en la actualidad ofrece estampas propias de un territorio desértico. Y tal vez sería un páramo, exento en su conjunto de vida vegetal, animal y humana, si no fuese por el agua que irriga estas tierras.
El debate, llegados a este punto, suele estar servido: ¿hay biodiversidad porque ha llegado el agua o la habría sin la participación de este recurso? Es en realidad una controversia estéril.
Lo que está claro es que Los Monegros tienen un carácter único, lo que les sirve para contar con firmes defensores de la necesidad de su protección, los cuales incluso han demandado que sean declarados parque nacional. Añaden a su argumentación el atractivo ornitológico de la zona, con epicentro en la laguna de Sariñena.
Por Los Monegros deambuló en el verano de 1134 Alfonso el Batallador, herido de gravedad en el ataque almorávide que sufrió durante el asedio de Fraga. Murió en Poleñino, siendo su cuerpo trasladado hasta el castillo de Montearagón, en donde permaneció hasta el siglo XIX, momento en el que sus restos fueron llevados hasta la iglesia de San Pedro el Viejo, en Huesca.
La Casa Real de Aragón iba a tener en las décadas siguientes a la muerte de El Batallador una vinculación muy especial con el territorio monegrino, llegando a fundar allí el monasterio de Sijena. Éste, ¿fue la particular arca de Noé de la reina Sancha de Castilla, esposa del monarca Alfonso II?
La cristiandad vivía durante el siglo XII en un estado de temor permanente ante la posibilidad de que el islam se hiciese con la ciudad sagrada de Jerusalén. Los seguidores de Jesucristo veían este acontecimiento, en caso de producirse, como una auténtica maldición, que les acarrearía su castigo eterno.
Ese miedo lo sufría de un modo muy especial la citada reina. Su angustia le llevó a alumbrar la idea de construir un monasterio junto al río Alcanadre, a modo de tabla de salvación, no de animales, como la de Noé, sino de almas humanas para cuando los musulmanes acabasen tomando Jerusalén.
Tal hecho aconteció en octubre de 1187. Saladino, sultán de Egipto y de Siria, conquistó esa ciudad. Pocos meses más tarde, en abril de 1188, se fundó el Real Monasterio de Santa María de Sijena, de gran importancia y riqueza en la Corona de Aragón. Quedó vinculado a la orden militar de los hospitalarios de San Juan de Jerusalén.
Sancha de Castilla ya tenía su propia arca de Noé, siendo representado el episodio del Diluvio Universal en las pinturas murales de la sala capitular. Sorprenden la dimensión y el valor histórico y patrimonial de todo el conjunto monástico allí construido.
Por cierto, ¿qué parentesco tenían Noé y Pyrene, según la mitología? Esta princesa era biznieta del personaje bíblico.
Villanueva de Sijena no sólo atesora la joya artística de su monasterio, sino que cuenta con la casa natal de un insigne altoaragonés: Miguel Servet, todo un hombre del Renacimiento, por la cantidad de disciplinas que cultivó.
Una de ellas fue la medicina, debiéndose a él una descripción de la circulación pulmonar de la sangre, algo que el propio Miguel Servet incardinó más en el ámbito teológico que en el científico. Precisamente sus tesis en torno a la Trinidad, negándola, y al bautismo, que recomendaba hacer en edad adulta, le llevaron a ser detenido en Ginebra y a ser condenado a muerte y quemado en la hoguera.
Y no se puede obviar otro enclave de enorme interés de Los Monegros: la Cartuja de Nuestra Señora de Las Fuentes, con sus pinturas murales, obra de fray Manuel Bayeu, cuñado de Francisco de Goya. La edificación actual es del siglo XVIII, si bien el germen se encuentra en un monasterio del XVI, patrocinado por los condes de Sástago.
La Diputación Provincial de Huesca adquirió este monumento en 2015 para su restauración paulatina. Obras de recuperación, visitas turísticas, conciertos de música,… dan vida a un enclave que había entrado en su día en franco deterioro. Es uno de los escenarios del festival Sonidos en la Naturaleza (SoNna), que recorre enclaves singulares de todo el Alto Aragón.
Los Monegros también atesoran ejemplos de arte mudéjar. La arquitectura aragonesa de este estilo fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, lo mismo que Ordesa y Monte Perdido, el Camino de Santiago y las pinturas rupestres del río Vero.
El Mudéjar se relaciona mucho con torres existentes en Zaragoza y Teruel pero lo podemos contemplar igualmente en Los Monegros, con construcciones que presentan cierta fusión con elementos góticos y renacentistas. Es característico el uso del ladrillo y de una ornamentación geométrica, sobre todo en los campanarios.
Esta ruta mudéjar monegrina está a caballo entre las provincias de Zaragoza y de Huesca, y la conforman las iglesias de Perdiguera, Leciñena, Alcubierre, Poleñino y Torralba de Aragón. Tal vez el ejemplo más destacado de todas ellas sea la de Santa Ana, en Alcubierre.
Ésta es una población que vio nacer a Mariano Gavín, más conocido como el bandido Cucaracha. Es posible que este apelativo lo recibiese por su vestimenta oscura y por su barba cerrada. Fue un caso paradigmático de lo que se dio en llamar bandolerismo.
Es algo que ha estado estrechamente ligado a la historia de la humanidad. Se ha estilado en cualquier época y lugar, tanto por tierra, con los salteadores de caminos, como por mar, con los piratas. No obstante, si hay un momento y un territorio con los que se identifica el bandidaje, estos son el siglo XIX y España.
Encontrarse con bandoleros era uno de los atractivos, no siempre recomendable, que tenían los viajes que realizaban por este país artistas, escritores y aventureros románticos procedentes de Francia, Inglaterra y Alemania. Los bandidos eran uno de los arquetipos de la España rebelde y auténtica de aquel tiempo.
Aragón y sobre todo la provincia de Huesca no fueron ajenos a este fenómeno. Todo lo contrario. Hubo muchos casos de forajidos y uno de ellos fue el de El Cucaracha, que llegó a reclutar su propia partida o cuadrilla, formada por medio centenar de integrantes.
Lo que de él se conoce mezcla realidad y leyenda. La tradición oral ha perpetuado su figura y la ha adornado con rasgos propios de un Robin Hood monegrino, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Así era visto por unos, mientras que otros, por el contrario, lo tenían por un criminal.
Se le dio muerte en un tiroteo en un corral de Lanaja. Se dice que había sido narcotizado por el boticario del lugar, que además había dado parte a las autoridades. Y también se cuenta que El Cucaracha llevaba en uno de sus bolsillos una carta dirigida a Alfonso XII, recién llegado al trono español, en la que le pedía su indulto.
Puestos a imaginar historias, ¿cuántas veces este tal Mariano Gavín y sus secuaces debieron de otear las vertientes altoaragonesa y zaragozana de la serranía de Alcubierre? Seguro que estuvieron y se cobijaron en las cuevas de San Caprasio, de origen inmemorial.
Los Monegros presentan, por otro lado, un entramado conformado por numerosas carreteras secundarias, con la reivindicación sempiterna por parte de los habitantes de este territorio de que se mejoren en todos sus aspectos: anchura, estado del asfalto y señalización.
La aspiración permanente es tener una buena conexión viaria con los ejes de gran capacidad que comunican Huesca, Zaragoza y Lérida, ya que esta comarca se encuentra justo en el triángulo geográfico que forman esas tres ciudades. Tal demanda se observa vital para la economía y, por tanto, para las gentes de la zona.
Sariñena es la capital de Los Monegros y allí se celebra una feria que muestra la realidad socioeconómica de este territorio. Es un certamen industrial, agrícola y ganadero que lleva por nombre FEMOGA. Es un punto de encuentro entre los habitantes de la comarca y es un escaparate de su actividad diaria, para la cual el agua constituye algo esencial.
Sí, hay desde luego un contraste muy acusado y notorio entre las cumbres nevadas de los Pirineos en invierno y los páramos desérticos de Los Monegros, con temperaturas de calor extremo en verano. Pero esa comparativa, ¿cómo llegaría a ser sin el concurso del agua?
Este recurso circula a través de canales y tuberías, generando toda una actividad económica, social y vital. Los monegrinos lo siguen mirando con anhelo, ilusión y proyectos de futuro, para seguir reproduciendo año a año el milagro del agua en forma de vida.
Continuará.
Este texto es obra de Alberto Cebrián.
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