Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

domingo, 12 de julio de 2026

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HUESCA, HIJA DE PYRENE – La Jacetania, un territorio siempre vivo

El Alto Aragón lleva habitado desde hace milenios. Tuvo moradores nómadas, que se guarecían en cuevas y abrigos, y vio nacer los primeros asentamientos estables, como es el caso de Huesca, ciudad que cuenta con vestigios que datan de tiempos prehistóricos.

Así ocurrió en numerosos enclaves de esta provincia, no siendo una excepción la comarca de La Jacetania, un territorio en el que la naturaleza y el patrimonio histórico y artístico se dan estrechamente la mano, creando un enclave de una belleza singular y con una magia cautivadora.

No deja de ser curioso que monumentos vinculados con la muerte sean los que nos dan testimonio de esa vida constante que hubo en las montañas pirenaicas. Varios son los megalitos que ahí encontramos, tanto con forma de dolmen como de túmulo.

Los romanos frecuentaron los parajes jacetanos, usando los pasos transpirenaicos de Palo y Somport, término éste último que procede del latino Summus Portus o “puerto más alto”. Ambas vías de comunicación sirvieron para conectar las tierras hispanas y la Galia.

Y ahí, en La Jacetania, ya en la Edad Media, nació Aragón como entidad política. Precisamente el río que lleva ese mismo nombre —Aragón— discurre por esta comarca, yendo primero de norte a sur y luego de este a oeste, tras virar hacia poniente a la altura de Jaca.

Los Pirineos son un entorno duro y hostil. Lo son en una medida comparable con su belleza. Han sido sufridos y también disfrutados desde siempre por moradores y viajeros. Son paisajes imponentes, llegando a merecer su reconocimiento oficial, con el fin de que puedan ser protegidos de generación en generación.

Sirva mencionar los espacios naturales de los Valles Occidentales, Foces de Fago y Biniés, y San Juan de la Peña y Monte Oroel. Estamos ante un paraíso, a disposición de todos los amantes del paisajismo. Es pura montaña pirenaica, con el contrapunto que hallamos en ciertas zonas de llano, como la Canal de Berdún y la Val Ancha.

En la primera —no se sabe muy bien dónde, aunque es posible que fuese en las proximidades de Puente la Reina de Jaca— se ubicó la que podría considerarse residencia primigenia de la Casa de Aragón. Ese lugar se llamó Astorito y fue citado en el Códice Calixtino por Aymeric Picaud, si es que éste fue en verdad el autor de esa obra.

Tal residencia no era suficiente, por lo que uno de los primeros monarcas aragoneses, en concreto Sancho Ramírez, dispuso que hubiese una suerte de capital en el naciente Reino de Aragón, que ya estaba dejando atrás su etapa condal y que miraba al futuro con mayores cotas de ambición. El soberano eligió la villa de Jaca para tal cometido.

No sólo hizo eso, sino que también impulsó la construcción de su catedral y potenció el Camino de Santiago, que discurría y discurre junto al río Aragón. En aquellos tiempos —Plena Edad Media— se levantó el hospital de peregrinos de Santa Cristina de Somport, que se convertiría en uno de los más importantes de la cristiandad, según el mencionado Códice Calixtino.

Los monasterios de San Pedro de Siresa, San Juan de la Peña y Santa Cruz de la Serós, así como otros muchos emblemas monumentales de La Jacetania, aparecen diseminados a lo largo y ancho de un territorio que nos transporta a otra época: el Medievo.

San Juan de la Peña quizá constituye el símbolo identitario aragonés más importante, llamando la atención su ubicación bajo una gran montaña pétrea y albergando uno de los panteones reales de Aragón, con los restos de Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I.

Los amantes del Medievo y de su estilo arquitectónico y artístico dominante —el Románico—tienen parada obligada en el Museo Diocesano de Jaca, que se presenta a sí mismo como el que alberga una de las mejores colecciones de España sobre aquella etapa fascinante de la historia.

En aquel entonces la economía era poco más que de mera subsistencia; se fundamentaba en la agricultura y la ganadería. Por ello, encontrar nuevos ingresos se planteaba vital. El turismo era el que podía reportar beneficios dinerarios pero, ¿quiénes eran los que lo practicaban por esas fechas?

La respuesta la encontramos en los peregrinos, los cuales comenzaron a suponer una fuente de ingresos para los negocios locales y para las arcas del Reino de Aragón. Con el fin de atraerlos era necesario contar con un reclamo de excepción: las reliquias. La demarcación jacetana contaba con una de enorme significación.

Se trataba de un cuenco de ágata cornalina, que había sido utilizado por Jesucristo en su última cena, según la tradición cristiana. San Pedro lo había llevado desde Tierra Santa hasta Roma y Lorenzo de Huesca —San Lorenzo— lo envió a su ciudad natal para su protección, en el transcurso de una persecución del Imperio romano.

También para su seguridad, tras la invasión musulmana de la península Ibérica, ese cáliz sagrado —el Santo Grial— se custodió en varios enclaves pirenaicos, como Yebra de Basa, San Pedro de Siresa, San Adrián de Sasabe, Bailo, Jaca y San Juan de la Peña. En este último emplazamiento es en el que más tiempo estuvo durante la Edad Media.

Hemos citado la agricultura y la ganadería. Son dos actividades económicas que siguen teniendo en el siglo XXI un gran protagonismo en la vida de La Jacetania, y a su promoción se dedica EXPOFORGA, un certamen que es punto de encuentro de los habitantes de esta comarca, así como de visitantes venidos desde distintos lares.

El sector agroalimentario debe adaptarse, como todos los demás, a las nuevas circunstancias locales y globales; por ello, es de vital importancia apostar por la investigación y la innovación, cobrando un especial protagonismo en este menester la finca experimental de La Garcipollera.

También hemos citado a los viajeros de antaño —los peregrinos— pero, ¿cuál es el turismo del presente? En parte, el desempeñado por esas mismas personas. Porque el peregrinaje sigue teniendo en el siglo XXI un vínculo muy estrecho con el Camino de Santiago.

Hay tantos trazados como peregrinos quieren llegar a Compostela. No obstante, hay trayectos comunes que ya han quedado dibujados en el mapa y en el territorio de forma indeleble. Uno de ellos es el Camino Francés por Aragón. Son muchas las personas que eligen esta ruta año a año, remontando el curso del río Aspe en Francia, atravesando los Pirineos por el Somport y, ya en España, descendiendo junto al río Aragón.

El itinerario jacobeo a su paso por la provincia de Huesca cuenta con un complemento de excepción, en forma de certamen de música: el Festival Internacional en el Camino de Santiago. Éste entronca plenamente con el espíritu de los peregrinos, basado en una búsqueda interior y en una exaltación de la belleza.

El turismo en La Jacetania no se circunscribe únicamente a ello, sino que se abre a un vasto abanico de posibilidades que este territorio ofrece: turismo cultural vinculado con el Románico y turismo deportivo, con innumerables modalidades que ahí se pueden llevar a cabo.

Algunos ejemplos de esto último son el senderismo, alpinismo, bicicleta de montaña y las actividades acuáticas en el embalse de Yesa, en los municipios jacetanos que pertenecen a la provincia de Zaragoza. Claro está, no se puede olvidar la práctica del esquí, con dos grandes referentes en el mundo de la nieve como son Astún y Candanchú.

En la base de ambas estaciones invernales hay otra de carácter bien diferente: la ferroviaria de Canfranc. Su majestuoso edificio se construyó en el primer cuarto del siglo XX y se diseñó para impresionar a los viajeros que entraban en España. Sigue impactando por su espectacular arquitectura, enmarcada en el bello paisaje pirenaico que la circunda, en el nacimiento del valle del río Aragón.

Muchos nostálgicos o románticos del tren quieren que se reabra el tráfico internacional pero, de momento, ese inmueble emblemático se ha reconvertido en hotel de lujo. Y es mucho, dado el estado de abandono y de deterioro en el que llegó a caer en las últimas décadas del siglo XX.

En lo que se refiere al túnel ferroviario que, bajo las montañas, conecta España y Francia, alberga un laboratorio subterráneo que sirve para estudiar los neutrinos, la materia oscura,… Está dedicado, en definitiva, a la física de astropartículas, siendo una de las instalaciones más avanzadas del continente europeo en esta disciplina.

Pero, llegados a este punto, ¿cuál es la gastronomía típica de La Jacetania?

Sin duda, hay que citar el lechal ansotano y también es el momento de hablar de la olla jacetana, en la que no pueden faltar los boliches de Embún. Éste es un plato contundente que unifica la cocina de toda la comarca; lo hace, no obstante, sin menoscabar el gusto personal y las preferencias de cada cual cuando se pone ante los fogones.

Estamos nombrando alimentos que proceden de la ganadería extensiva y de la agricultura autóctona, esenciales ambas en el devenir diario de los pueblos de montaña. Estos son, además, de enorme atractivo; baste referirse a Ansó y a Hecho como ejemplos sobresalientes.

Estas dos localidades juegan un papel destacado entre las zonas de la provincia de Huesca que rinden culto a la indumentaria tradicional aragonesa. Las vestimentas ahí usadas fueron pintadas en su día por el artista Joaquín Sorolla, en contraste con sus obras más conocidas, protagonizadas por la cegadora luz mediterránea.

Y es que la tradición no deja de estar presente en la comarca de La Jacetania, si bien este territorio mira al futuro intentando aprovechar sus recursos. Son clave para ello infraestructuras como la autovía Pamplona-Huesca-Lérida, que ha acumulado en esta zona del Alto Aragón, todo hay que decirlo, su mayor retraso constructivo.

Continuará.

Este texto es obra de Alberto Cebrián.

HUESCA, HIJA DE PYRENE. PRÓLOGO:

https://diariodelcampo.com/huesca-hija-de-pyrene-un-territorio-siempre-vivo-prologo/

3 de julio de 2026

Otras noticias

HUESCA, HIJA DE PYRENE – Alto Gállego, un territorio siempre vivo

Todo lo que se pueda decir acerca de la belleza y la espectacularidad de los paisajes existentes en La Jacetania se puede trasladar a las estampas que brinda la comarca del Alto Gállego, también situada en la cordillera pirenaica y con capital en Sabiñánigo.

Alto Gállego. Es lo mismo que decir “la parte alta del río que viene de la Galia”. Este curso fluvial es el eje que articula la comarca de norte a sur; es algo similar a lo que ocurre con el resto de los territorios pirenaicos altoaragoneses —la citada Jacetania, el Sobrarbe y La Ribagorza—, aunque en cada caso con sus propias y naturales peculiaridades.

El Alto Gállego se encuentra entre montañas: las de los Pirineos y las del Prepirineo. Es la puerta de entrada occidental al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y es el límite noroeste del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara. Estos espacios son dos emblemas para los amantes de la naturaleza.

La comarca del Alto Gállego es una demarcación que prácticamente forma parte de Aragón desde el mismo momento en el que éste se constituyó como entidad política, allá por los tiempos de Carlomagno, el cual había ideado una marca o colchón fronterizo que separase su imperio respecto a al-Ándalus. Nacieron así varios condados, como el de Aragón, el de Sobrarbe y el de La Ribagorza.

El territorio que nos ocupa —el Alto Gállego— ofrece una ruta patrimonial que nos lleva casi hasta esa época y que cuenta con un encanto incuestionable. Es la compuesta por un rosario de iglesias a las que se conoce como “del Serrablo”. Se encuentran a lo largo del río que da nombre a esta comarca, en su margen izquierda u oriental, entre Biescas y Sabiñánigo.

Partiendo desde esta última localidad y casi a medio camino de la primera se halla la iglesia de San Pedro de Lárrede, a la que se pone como prototipo del ramillete monumental que conforman estos templos, datados a caballo entre los siglos X y XI, no sabiéndose muy bien si su estilo arquitectónico corresponde con la época visigoda o habría que hablar más de un Románico primigenio, y ello con ciertas influencias carolingias.

En época mucho más reciente y gracias a la llegada del ferrocarril, Sabiñánigo vivió un importante despegue industrial. Esa impronta todavía perdura, si bien comparte protagonismo con el sector servicios. De hecho, es una población que quiere aprovechar los beneficios del turismo, presentándose como punto desde el que acceder a los atractivos naturales, monumentales y recreativos del valle de Tena.

Es preciso citar en este punto las pruebas cicloturistas Quebrantahuesos y Treparriscos. Son multitudinarias y atraen a docenas de miles de personas, entre participantes y acompañantes. Estos deportistas recorren los Pirineos, aunando el esfuerzo sobre la bicicleta y la contemplación de parajes de gran belleza paisajística.

Lo cierto es que el valle de Tena no deja indiferente a nadie, y menos a los amantes del deporte del esquí. Tienen en esta zona dos estaciones alpinas: las de Formigal y Panticosa. A esta oferta se suman las posibilidades que este territorio ofrece para los aficionados a las travesías por montañas nevadas.

Panticosa es un enclave conocido también por su famoso balneario, situado a unos mil seiscientos metros de altitud. Ya era disfrutado en tiempos de la antigua Roma, recibiendo sucesivos impulsos en los últimos siglos. En la actualidad este complejo termal y hotelero, así como su entorno, siguen cautivando a sus visitantes, viviendo un nuevo resurgir.

Desde las instalaciones de este balneario se puede ascender hasta la zona conocida como “lagos de Panticosa”. Son un ejemplo de la cantidad de ibones existentes en los Pirineos. En este caso son una docena aproximada de masas de agua situadas en parajes de alta montaña.

Se trata de excursiones de no demasiada distancia pero sí exigentes desde un punto de vista de la preparación física del interesado, a causa del desnivel existente para llegar hasta los lagos de Bachimaña, Azules, Terrabay, Brazato,… Sí, está claro. Al hablar de todo esto, viene a la mente la historia de la princesa Pyrene y de sus lágrimas, que se convirtieron en ibones.

La agroalimentación y la gastronomía del Alto Gállego vienen a representar todo lo que las cuatro comarcas pirenaicas altoaragonesas ofrecen. ¿Cómo sustraerse a un buen plato de migas de pastor? Cada cual tiene su propia receta al respecto y es algo que gusta a prácticamente todo el mundo.

Sirva también de ejemplo un producto señero como es el Ternasco de Aragón, sin olvidar las elaboraciones culinarias basadas en el lechal tensino, el cabrito y la ternera ecológica. Además, este territorio no sólo genera buenas carnes, sino que ofrece igualmente quesos de calidad, mieles de alta montaña y cerveza artesana.

La ganadería extensiva del Alto Gállego y todo lo que la agroalimentación y la artesanía brindan a sus habitantes y visitantes tienen cabida en un certamen que se ha convertido en una cita ineludible: la Feria de Otoño de Biescas, con un protagonismo especial del queso.

Pero hay algo más doméstico e íntimo, algo que es común al conjunto de los Pirineos y, en particular, a la zona altoaragonesa de esta cordillera: las leyendas.

Es preciso ponerse en la piel de los habitantes de las montañas, con tiempo hostil fuera de sus casas y con muchas horas sin luz natural, con largas noches en invierno. Al calor de una hoguera y sentados en la cadiera, ¿cuántas historias habrán pasado de padres a hijos, transmitiendo de forma oral una cultura muy arraigada en el territorio y en sus gentes?

No es de extrañar que las viviendas, ésas que están construidas en piedra y con tejados de losas o pizarra, quedasen rematadas con chimeneas provistas de espantabrujas.

La Jacetania y el Alto Gállego son dos comarcas muy ricas en referencias a procesos inquisitoriales contra mujeres acusadas de brujería. Aquí, por supuesto, la imaginación tuvo perfecta cabida para convertir sucesos y episodios reales en relatos de hechicería, aunque nada tuviesen que ver con el mundo nigromante.

Hay también otro tipo de magia en el Alto Aragón: la esgrimida por colectivos como Amigos del Serrablo y por entusiastas como Ángel Orensanz y Julio Gavín. Su empeño permitió que tomasen forma espacios que aúnan pasado y contemporaneidad. Son el Museo Ángel Orensanz y Artes de Serrablo, y el Museo de Dibujo Julio Gavín-Castillo de Larrés, ambos ubicados en el municipio de Sabiñánigo.

La oferta cultural del Alto Gállego tiene, además, una cita destacada todos los veranos, ya que acoge en Lanuza el festival Pirineos Sur, con su escenario flotante sobre las aguas del embalse allí ubicado.

Esta comarca tiene mucho pasado y mucho presente, si bien quiere mirar al futuro. Para ello y para que sus gentes puedan aprovechar sus oportunidades de desarrollo personal y profesional, las comunicaciones se presentan como clave de bóveda.

En materia ferroviaria, duerme el sueño de los justos el proyecto que fue bautizado como Travesía Central del Pirineo, alternativa ferroviaria del siglo XXI para el Canfranc. Incluía un túnel bajo las montañas, en concreto bajo el macizo del Vignemale o de Comachibosa. Partiría del municipio de Biescas y llegaría al de Pierrefitte-Nestalas, con una longitud de casi cuarenta y dos kilómetros.

Para conectar España y Francia por carretera, este territorio cuenta con uno de los tres pasos que hay en el Alto Aragón. Es el de Portalet, siendo los otros dos los de Somport y Bielsa, en La Jacetania y el Sobrarbe, respectivamente.

La conexión con Huesca, Zaragoza, Madrid, Valencia y Barcelona ha quedado mejorada con la conversión del puerto de Monrepós en autovía, si bien el Alto Gállego y La Jacetania anhelan que se complete la construcción del eje Pamplona-Huesca-Lérida en cada una de sus zonas.

De momento, disfrutan del hecho de que una reivindicación —la carretera Yebra de Basa-Fiscal— ya sea una realidad; lo es desde hace algún tiempo. Este vial y el vetusto Eje Pirenaico, con su puerto de Cotefablo, permiten el acceso desde el Alto Gállego a Ordesa y Monte Perdido, espacio protegido situado en la vecina comarca del Sobrarbe.

Continuará.

Este texto es obra de Alberto Cebrián.

HUESCA, HIJA DE PYRENE. PRÓLOGO:

https://diariodelcampo.com/huesca-hija-de-pyrene-un-territorio-siempre-vivo-prologo/

HUESCA, HIJA DE PYRENE. LA JACETANIA:

https://diariodelcampo.com/huesca-hija-de-pyrene-la-jacetania-un-territorio-siempre-vivo/

10 de julio de 2026 |
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