La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Aragón hace balance de este otoño que termina. Su delegado, Rafael Requena, indica que esta estación ha sido como suele ser habitual, siendo más atípico el mes de noviembre: “Noviembre ha sido el mes en el que los registros han sido más llamativos, con una media inferior a lo habitual en 1,4 grados, y con precipitaciones significativas que dejaron nieve en las zonas altas de Aragón mucho antes de lo que viene siendo tradicional”. El invierno comenzará el martes, 21 de diciembre, a las 15:59 horas.
Otoño se cierra habiéndose comportado de manera similar a la media histórica en cuanto a temperaturas y precipitaciones. Por meses, septiembre fue un mes cálido y húmedo, octubre fue normal en cuanto a temperaturas y más seco que la media en cuanto a precipitaciones, y noviembre fue frío y también húmedo. Además, durante los primeros días de diciembre las persistentes y abundantes lluvias registradas en pocos días en la zona alta del Ebro originaron una crecida extraordinaria del río.
Rafael Requena señala que “para los próximos días se espera una situación similar a la que estamos viviendo en estas jornadas, con niebla en el valle del Ebro y temperaturas bajas en todo Aragón; estaremos así hasta principios de la nueva semana, cuando se acerca una borrasca por el oeste que podría dejar precipitaciones para Navidad (eso sí, sólo serán en forma de nieve en las zonas altas de las montañas)”.
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Las comunidades de regantes piden “una política de Estado en materia de agua, que garantice la supervivencia del sector agrario”
La Federación de Comunidades de Regantes de España (FENACORE) está celebrando esta semana en Ciudad Real su XVI Congreso Nacional. Pide “una política de Estado en materia de agua, que supere la visión cortoplacista y la confrontación partidista, y que garantice la supervivencia del sector agrario”. Señala que “la gestión del agua en un escenario de cambio climático es uno de los grandes desafíos estructurales, dada la realidad hídrica compleja de España”. FENACORE defiende, por ello, “impulsar un modelo basado en criterios científicos y con visión a largo plazo, así como adaptar las políticas europeas a las singularidades del territorio español”. Y añade: “El regadío debe ser abordado desde una perspectiva más estratégica, como un pilar esencial de la seguridad alimentaria, la cohesión territorial y la economía nacional”.













