La Quesería Bal de Broto va a participar por segundo año en el Gourmet Quesos, un espacio monográfico dedicado al sector del queso dentro del Salón Gourmets, el salón internacional de alimentación y bebidas de calidad que se celebra del 17 al 20 de abril en Ifema de Madrid. Bal de Broto asiste a Gourmet Quesos de la mano de QueRed (Red Española de Queserías de Campo y Artesanas).
Desde Quesería Bal de Broto se indica que “Gourmet Quesos es una gran oportunidad nacional e internacional para abrir nuevas vías de negocio con compradores, distribuidores y empresas interesadas en productos de alta calidad”.
QUESERÍA BAL DE BROTO
“La Quesería Bal de Broto se sitúa en la localidad de Broto, en las proximidades del Parque Nacional de Ordesa, en el Pirineo. Es una zona de tradición ganadera y quesera desde hace años, tradición que han querido recuperar sus tres socios partiendo de un proyecto de fin de carrera en el que diseñaron una empresa quesera.
Sus quesos se elaboran de manera totalmente artesanal, con leche cruda de vacas del Sobrarbe en una quesería cien por cien sostenible y cero emisiones. En 2018 obtuvieron sus primeras elaboraciones. Actualmente producen tres quesos de leche cruda de vaca y siguen trabajando en nuevas elaboraciones.
El proceso de curación es totalmente natural, en una cava de afinado con los últimos avances del sector, pero a la vez sobre lamas de madera para conservar, lo más posible, la tradición quesera artesana.
La quesería está ubicada en una antigua fábrica de tejas que después fue una casa particular. Allí tienen una tienda en la que, además de productos, se puede ver la cava de afinado de la quesería y la sala de elaboración, a través de dos superficies acristaladas.
Además de los quesos Bal de Broto, se pueden adquirir otros productos artesanos del Sobrarbe, como mermeladas, paté, licores, vinos de Aragón y cervezas artesanas”.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











