La Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) ha celebrado en Madrid el III Foro de NutriciON Sensata, una jornada en la que el sector agroalimentario ha abordado “la relación entre alimentación, dieta y salud como aspectos claves para adoptar estilos de vida saludables, así como la importancia de la evidencia científica y el papel de la comunicación que se realiza de todo ello en medios y redes sociales, entre otros aspectos”.
Esta jornada ha servido para analizar el procesamiento de alimentos y bebidas: calentar, curar, madurar, secar, marinar o envasar. Son técnicas de “transformación de productos e ingredientes, algo fundamental para el ser humano, ofreciendo productos digeribles, seguros, nutritivos y variados”.
Un ejemplo de lo hablado ha sido la conferencia inaugural, titulada “Cuando procesamos, evolucionamos”. La doctora en Prehistoria e investigadora en el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, Ana Mateos, ha realizado un repaso de los principales hitos alimentarios que han marcado la evolución de la especie humana.
Ha dicho que, “más allá del fuego, hitos como la fermentación, el frío o el secado han supuesto avances en las dietas humanas”. Ha señalado “ventajas evolutivas como la digestibilidad, evitar patógenos, aumentar la biodisponibilidad de muchos ingredientes y alimentos, y mejorar los sabores y las texturas; todo ello se ha mantenido a lo largo de los años y ha permitido al hombre sobrevivir y evolucionar”.
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La Conferencia Sectorial de Agricultura, celebrada esta semana pasada, acordó conceder a Aragón casi veinticinco millones y medio de euros (de un montante global para toda España de doscientos veintiséis millones). En el caso concreto de Aragón, casi veinticuatro millones de euros se orientan a proyectos de desarrollo rural y el resto del dinero va destinado a programas agrícolas y ganaderos, y a la promoción del consumo de frutas, hortalizas y leche entre los escolares: el fomento de la apicultura recibe en torno a ciento ochenta y siete mil euros; la calidad de las variedades vegetales y certificación de materiales de reproducción, doscientos cinco mil; el fomento de las razas autóctonas, ciento cincuenta mil; el control del rendimiento lechero, treinta mil; y los programas escolares de frutas y hortalizas, y de leche, algo más de un millón de euros.













