El salón de actos de Casa de Ganaderos, en Zaragoza, ha servido de escenario para la presentación de la plataforma AGRICA, que reúne a agricultores, ganaderos, regantes, industrias y cooperativas agroalimentarias de Aragón. Nace para defender el futuro del campo y del medio rural.
AGRICA denuncia que la situación generada en torno a la COVID-19 ha servido para ocultar las cifras que el Gobierno de Aragón destina al Programa de Desarrollo Rural.
Se recuerda que en el periodo 2007-2013 correspondieron a Aragón 1.075 millones de euros, mientras que la cantidad asignada para el periodo 2014-2020 ha sido de 943 millones, cifra que se ha visto recortada a 737 millones de euros.
Los representantes de AGRICA señalan que el Gobierno de Aragón debía aportar 395 millones de euros pero el recorte es de 206 millones.
En representación de los agricultores y ganaderos han hablado los responsables de ASAJA, UPA y ARAGA en este territorio. Son Ángel Samper, José Manuel Roche y Jorge Valero.
Indican que el futuro para el siguiente periodo no es nada halagüeño, y han llegado a utilizar términos (para referirse a la Administración pública) como insulto, vergüenza e indigencia presupuestaria.
César Trillo, presidente de la Federación de Regantes del Ebro (Ferebro), critica el encorsetamiento que se produce a la hora de invertir los fondos, y añade que los agricultores y ganaderos no pueden sobrevivir con la actual renta agraria.
Ignacio Domingo, gerente de la Asociación de Industrias Alimentarias de Aragón, incide en la importancia de este sector, en términos económicos y también sociales.
Apunta que el dinero que se invierte en el Programa de Desarrollo Rural va directamente orientado a ganar en competitividad.
José Víctor Nogués, presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de Aragón, ha presentado AGRICA como la principal plataforma económica de Aragón, una entidad que nace con el fin de defender el futuro de este sector y por ello el futuro de Aragón.
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La agricultura, sin la que no habría sido posible la llegada de la civilización, celebra este miércoles, 9 de septiembre, su Día Mundial
ALBERTO CEBRIÁN
El ser humano habita en sociedad, y se considera que vive de forma civilizada. Al menos, eso es lo que se dice. Ello es posible gracias a que en tiempos remotos se produjo el nacimiento de la agricultura y la ganadería. Sin estas actividades, la civilización no habría sido posible. Es una reflexión que se puede realizar en el marco del Día Mundial de la Agricultura, que se conmemora todos los 9 de septiembre.
Esta efemérides pretende “rendir homenaje a quienes trabajan la tierra y producen alimentos”. Se lanza el mensaje de que “la agricultura es la base de la alimentación y de la economía global”.
En este 2026 la conmemoración coincide con el Año Internacional de la Mujer Agricultora. El objetivo de éste último es “poner de relieve el papel esencial que desempeñan las féminas en los sistemas agroalimentarios —desde la producción hasta el comercio—, a pesar de que a menudo no se les reconoce”.
Día Mundial de la Agricultura y Año Internacional de la Mujer Agricultora se conmemoran por iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
AGRICULTURA, CLAVE DE BÓVEDA DE LA CIVILIZACIÓN
El ensayo El bazar infinito, obra de quien suscribe, explica cómo surgió la agricultura y la ganadería en el mundo, un fenómeno que supuso, tal y como ha quedado dicho, el nacimiento de las distintas civilizaciones: Mesopotamia, Egipto, China, la India, los Andes y Centroamérica.
Lo que cuento en El bazar infinito es lo siguiente:
“Tras el origen de la Tierra y el nacimiento de la vida, y una vez que había aparecido el ser humano, éste vivió un proceso determinante para su evolución. Ocurrió hace unos diez mil años, todavía en la prehistoria, y consistió en el surgimiento de la agricultura y ganadería; ello supuso que los humanos dejasen de ser trogloditas.
Los moradores de las cavernas habían sido nómadas hasta ese momento, organizados en grupos pequeños. Todos sus integrantes tenían el objetivo común de sobrevivir. Obtenían alimentos gracias a la recolección de raíces, plantas y frutos, así como a través de la caza de pequeños animales silvestres (reptiles, roedores,…). Fueron aprendiendo paulatinamente a capturar piezas más grandes y también a pescar.
La observación del comportamiento de la naturaleza trajo consigo un cambio importante en el modo de vida. El ser humano fue domesticando las plantas y los animales, lo que provocó que los asentamientos de población pasaran a ser estables, formando pequeñas aldeas.
Todo parece indicar que la aparición de la agricultura y ganadería se produjo de forma paralela e independiente en distintos puntos del mundo, como Mesopotamia, Egipto, China, la India, los Andes y Centroamérica. Las aldeas crecieron en tamaño y en nivel de organización, dando lugar a las primeras ciudades.
La evolución no se detuvo y esas sociedades llegaron a alcanzar un grado de sofisticación muy elevado, sobre todo en el primer milenio antes de Cristo y en concreto con el apogeo de la Grecia clásica.
A finales de la prehistoria y en las primeras civilizaciones, el comercio estuvo fundamentado en el trueque de productos y servicios. Sin embargo, se fue haciendo más complejo conforme crecieron los excedentes de materias primas y manufacturas. Se inventó el dinero, comenzó a usarse la escritura y entró en juego el transporte marítimo.
Como grandes expertos en esta materia —comercio y navegación— encontramos a los fenicios, con los que se alcanzó el primer fenómeno de globalización; fue en el mar Mediterráneo”.
Y, claro está, la historia continuó, con la llegada de la antigua Roma, la Ruta de la Seda, Venecia, el dominio aragonés del Mediterráneo, el descubrimiento de América y la gran ruta comercial que unió Asia, América y Europa, en manos del Imperio español. Nada de todo ello habría ocurrido sin la llegada de la agricultura, verdadero fenómeno disruptivo que se conmemora este miércoles, 9 de septiembre.














