Los investigadores Juan Antonio Rodríguez y Jorge García, de la Universidad de Córdoba, han estado trabajando en el desarrollo de una tecnología de bajo coste que, aplicada al riego que cuenta con un exceso de presión, permite reducir el coste energético y la huella de carbono. Han conseguido ahorros de 2.400 euros y 9 toneladas de CO2 anuales.
Recuerdan que “las técnicas de regadío tradicionales se fueron reemplazando por técnicas de riego a presión, mejorando la eficiencia del agua pero aumentando la dependencia de la energía”.
Juan Antonio Rodríguez y Jorge García han probado en campo una tecnología de bajo coste que aprovecha el exceso de presión de la red para generar energía.
Esta tecnología permitió, en la finca en la que se instaló, eliminar el generador diésel que se usaba para alimentar equipos de filtrados, bombas inyectoras de fertilizantes y otros dispositivos necesarios para la campaña de riego, haciendo funcionar a la red de manera autosuficiente y con energía limpia.
Indican que “estos resultados se consiguen con la instalación de bombas hidráulicas que funcionan como turbinas, conocidas como PAT por sus siglas en inglés (Pump as Turbine)”.
Explican que “el agua mueve el rodete y genera electricidad, a modo de pequeña central hidroeléctrica (pero más barata que las turbinas tradicionales para pequeñas potencias, ya que la producción de bombas hidráulicas es mucho mayor, lo que repercute en su precio)”.
Los citados investigadores concluyen que “los agricultores de zonas aisladas de la red eléctrica y que tienen excesos de presión pueden generar su propia electricidad, y reducir la dependencia energética de sus sistemas de riego o incluso convertir sus instalaciones en autosuficientes energéticamente”.
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