El instituto CIHEAM de Zaragoza acoge la novena reunión anual de MED-Amin. Se ha celebrado un encuentro institucional con participación del consejero de Agricultura del Gobierno de Aragón, Joaquín Olona, y del secretario general de Agricultura y Alimentación (del Ministerio), Fernando Miranda. La MED-Amin reúne a trece países del ámbito mediterráneo. Es una red de información de los mercados cerealistas que coordina el CIHEAM con el apoyo de la FAO, el Consejo Internacional de Cereales y la Comisión Europea. El encuentro que tiene lugar en Zaragoza de lunes a miércoles pretende “debatir y promover una mayor cooperación frente a los retos futuros en el mercado de los cereales”. El análisis que realiza el Gobierno de Aragón sobre esta cuestión es el siguiente:
“Muchos países de la cuenca mediterránea, como es el caso de España, son deficitarios en cereales, productos estratégicos para la seguridad alimentaria. Una situación que hace aumentar su vulnerabilidad en el actual contexto de incertidumbre en el mercado de materias primas agrícolas y de crisis energética derivado de la guerra en Ucrania. Los países del norte de África y Oriente Próximo producen el cuarenta por ciento de sus necesidades de trigo. Por su parte, España, que produce el cuarenta por ciento de sus necesidades de maíz, ha importado de media en las últimas cinco campañas casi quince millones de toneladas, principalmente de maíz. El origen ucraniano del maíz que importa España es el segundo más importante, pero sus flujos son limitados a pesar de la iniciativa Black Sea Grain, bajo los auspicios de Naciones Unidas y Turquía.
En su intervención, Joaquín Olona ha querido reconocer el trabajo de la red Med-Amin, puesto que considera fundamental la transparencia de la información en los mercados para poder tomar las medidas adecuadas desde las administraciones y garantizar el suministro de alimentos para que, además de suficientes y saludables, sean también asequibles. El consejero ha recordado que Aragón es un gran productor de cereales como el maíz pero, al mismo tiempo, es un gran importador por el peso de la ganadería, por lo que la situación de los mercados del contexto actual nos afecta directamente. En este sentido, Joaquín Olona ha agradecido la aportación del Ministerio de trescientos millones de euros a la ganadería, complementando las ayudas europeas para hacer frente al contexto actual. Además, considera imprescindible que los importantes fondos que se destinan a la Política Agraria Común (PAC) sirvan para garantizar la seguridad alimentaria. El consejero se ha referido también al trabajo no lo suficientemente reconocido en Aragón del CIHEAM, y ha comprometido el apoyo del Ejecutivo autonómico a esta institución con gran prestigio internacional”.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











