UAGA hace balance de las tractoradas de los días 22 de abril en Teruel, 29 de abril en Huesca y 06 de mayo en Zaragoza (hubo también en Ejea de los Caballeros y Cariñena). Muestra su confianza en el sentido de que estas movilizaciones hagan reflexionar al ministro Luis Planas y al consejero Joaquín Olona para que se prime al agricultor genuino en la aplicación de la nueva Política Agraria Común (PAC).
Las movilizaciones de Teruel y Huesca fueron convocadas en unidad de acción con UPA Aragón; sin embargo, esta organización se desmarcó de la de Zaragoza por la situación epidemiológica existente en determinados puntos de esta provincia.
Los lemas de estas tractoradas era “Por una agricultura con agricultor@s” y “Por una PAC profesional y justa”. UAGA indica que la nueva PAC debe eliminar los derechos históricos y debe priorizar en la percepción de ayudas a los agricultores genuinos, es decir, a los que cotizan a la seguridad social agraria y viven fundamentalmente de sus ingresos agrarios.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.












