El Consorcio de la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala ha estado desarrollando durante varios años el proyecto E-Barana, dedicado a apoyar tecnológicamente la gestión del ganado extensivo en zonas de montaña (en zona de puerto). Ahora se va a continuar desarrollando la tecnología, con vistas a ofrecer un producto comercial que puedan adquirir los ganaderos.
El citado Consorcio habla de “facilitar el movimiento y control de los animales cuando están en los puertos, resolviendo los problemas y dificultades con los que se encuentran los ganaderos de extensivo en las zonas de montaña”.
Se está trabajando con reses de ganado vacuno, ovino y equino.
Se cuenta para este nuevo proyecto con 145.800 euros de inversión en cuatro años. Están financiados al 80 por ciento por el Gobierno de Aragón y al 20 por ciento por el Fondo Europeo FEADER.
Participan como socios beneficiarios la Escuela de Negocios del Pirineo (ESNEPI), Asociación de Ganaderos Valle de Broto, ARAHISBRE (Asociación de Criadores de Caballo Hispano-Bretón), Asociación de Ganaderos de la Sierra de Guara y Asociación del Monte Estós.
Se cuenta también con la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, Instituto Tecnológico de Aragón (ITAINNOVA) y Ayuntamiento de Nueno.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.












