El grupo operativo GO PDApp echa a andar con la intención de reducir las pérdidas y el desperdicio alimentario en el sector agrario. Se va a desarrollar hasta 2025 y cuenta con una ayuda de casi seiscientos mil euros. Incluye el diseño de un servicio de apoyo a las empresas para ayudarles a prevenir las pérdidas. Este servicio incluye el acompañamiento necesario para digitalizar su Plan de Prevención y Reducción de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario (PDA), que será obligatorio en el futuro, según se anuncia.
El GO PDApp está constituido por la Fundación Espigoladors como entidad representante, el Centro Tecnológico de la Energía y del Medio Ambiente (CETENMA) como coordinador técnico, y el Centro Tecnológico EnergyLab, Oreka Circular Economy, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), Kiwi Atlántico, Jimbofresh y Cooperativa Agrícola Conca de la Tordera. También participan como miembros colaboradores Galinsect, Trasdeza Natur, Es Im-Perfect Food, la Cooperativa Agrícola Levante Sur y Newen.
Desde este grupo operativo se dan algunas cifras. La FAO estima que el coste económico directo de pérdidas o productos desperdiciados a nivel mundial es de mil millones de euros por año en costes económicos, setecientos mil millones de euros en costes ambientales y novecientos mil millones de euros en costes sociales, para los mil trescientos millones de toneladas de alimentos desperdiciados en toda la cadena alimentaria. De estas cifras, el sector primario es el responsable de cerca del ocho por ciento. En Europa, los datos más recientes apuntan a que un veinte por ciento de los alimentos producidos se acaban desperdiciando.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.













