Más de doscientas personas han asistido a las XXXIII Jornadas de la Asociación Española de Técnicos Cerealistas (AETC), que se han celebrado de forma presencial en Zamora. Este encuentro ha reunido a toda la cadena de valor de los cereales. Javier Alonso, presidente de la AETC, señalaba que “trigo, cebada, maíz, leguminosas y otros cereales forman parte del paisaje de la tierra castellana durante gran parte del año, que luego pasan a transformarse en harina, pan, galletas, cerveza o pasta con el trabajo de muchas personas que contribuyen a que esto sea posible”.
Horacio González-Alemán, director de Thoffod, presentaba la ponencia plenaria “Green Deal: From farm to fork”. Señala que “debemos transformar el sistema alimentario hacia la economía circular y la sostenibilidad: Green Deal y Farm to Fork”. Paz Fentes, subdirectora general del Ministerio de Agricultura, hablaba sobre la coyuntura de los cultivos herbáceos con relación a la reforma de la Política Agraria Común (PAC), así como la influencia de la misma para el sector.
Las Jornadas acogían una mesa redonda titulada “Presente y futuro de la cadena de valor cerealista en España” y el bloque dedicado a la transformación, con ponencias sobre la PAC, Agricultura 4.0, monitorización, harinas alternativas, digitalización, I+D, productos horneados, panadería, granos ancestrales y conversaciones alrededor de la semilla.
El bloque dedicado a mercados contó con la participación de Mercedes Ruiz, coordinadora del Grupo de Comercialización de la AETC, quien recalcó “el impacto de los precios, la demanda y los consumidores, en los cuales está repercutiendo la reducción de los márgenes; es significativo que las producciones no tan holgadas y la fuerte demanda así como la vuelta de China y la especulación han impulsado la subida”. Añade: “A corto plazo veremos precios sostenidos, pero tendríamos que esperar a nuevas producciones para ver una corrección a la baja y conseguir algún alivio en los precios”.
Entre las ponencias de este bloque de mercado, han destacado las dedicadas a analizar la situación actual del mercado nacional de cereales, la situación de la oferta y la demanda mundial de trigo, la calidad de la cosecha de Estados Unidos en 2021, y la producción y comercialización del trigo ruso. Y ha habido sesiones sobre nuevas adaptaciones en granos hidratados, vida útil extendida, conservantes vegetales y reducción de desperdicio alimentario, optimización de harinas y pasos clave en la corrección de las mismas, el sistema de Gestión LEAN y la presentación resultados GENVCE.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.












