España cerró 2021 con unas ventas alimentarias en el exterior de 60.118 millones de euros, un 11,6 por ciento más que en 2020, un año que también experimentó un ascenso en las exportaciones pese a la pandemia de COVID-19. Son datos que se han dado a conocer en los actos promocionales de los alimentos de España en la Exposición Universal de Dubái, en Emiratos Árabes Unidos. El ministro de Agricultura, Luis Planas, indica que “elegir alimentos de España es apostar por productos de calidad, variedad y sabor, los cuales gozan de cada vez mayor prestigio en los mercados internacionales”.
España participa en la Semana de la Agricultura, la Alimentación y los Modos de Vida, que se celebra en el marco de la Expo de Dubái. El objetivo es promocionar los alimentos españoles y los aspectos culturales y modos de vida que llevan asociados. Luis Planas se ha referido a la vinculación entre las tradiciones y la cultura de España y su forma de producir alimentos y su gastronomía. Un vínculo que ha dado lugar a más de 375 figuras de calidad diferenciada, que “han convertido a España en una potencia agroalimentaria”. Se pone el ejemplo, además, de la dieta mediterránea, “una de las más saludables del mundo y que es paradigma de la fusión entre cultura y gastronomía”.
Esta promoción de los alimentos de España se enmarca en el convenio de colaboración firmado entre el Ministerio de Agricultura y la sociedad estatal Acción Cultural Española para impulsar la difusión de los productos agroalimentarios españoles a través de la cultura. El ministro ha estado en la presentación del video “Carácter”, una pieza protagonizada por la bailaora María Pagés, y en la presentación del libro “España. Un viaje gastronómico a través de su artesanía”, un volumen coordinado por Macarena Navarro Reverter que ofrece un recorrido por diferentes manifestaciones de la artesanía del territorio español vinculadas a los alimentos.
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Radiografía de la trashumancia en España: “Existe una gran diversidad de pastores pero con una base cultural y una práctica comunes”
La Universidad de Córdoba, con los investigadores Francisco Lagos y Elisa Oteros a la cabeza, ha realizado un estudio sobre la trashumancia en España. Concluye que “existe una gran diversidad de pastores pero con una base cultural y una práctica comunes”. El trabajo se ha llevado a cabo en el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores.
El informe que emana del citado estudio dice lo siguiente:
“Más allá de su valor económico, el pastoreo realiza contribuciones ambientales, sociales y culturales esenciales para la conservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático. La trashumancia también desempeña un papel fundamental en la sostenibilidad socioecológica y la vitalidad de los territorios rurales.
Se trata de una práctica milenaria que implica la migración estacional de los rebaños, desplazados por los pastores a otras latitudes en busca de alimento y condiciones climáticas favorables. Es un patrimonio vivo de inmenso valor alimentario, cultural, social y ecológico.
La investigación se ha basado en ochenta y cuatro entrevistas a pastores trashumantes de ocho regiones de España. Se han establecido tres grupos de trashumantes, vinculados principalmente a las vías pecuarias y los territorios donde desarrollan su actividad: la Cañada Real Conquense, la Cañada Real Segoviana y la zona de Santiago-Pontones, en Jaén.
El primer grupo, con una media de edad de cincuenta y cinco años, lleva a cabo trashumancias más largas, con rebaños de mayor tamaño y mixtos en cuanto a especies.
El segundo grupo es más joven, con una media de edad de cuarenta y siete años, y se centra en el ganado vacuno, especialmente de raza avileña negra ibérica, con trashumancias más cortas que el primero y con canales de venta de sus productos más diversos y directos.
El tercer grupo realiza la trashumancia principalmente entre la sierra de Segura y sierra Morena, con rebaños mayoritariamente de ovejas, más pequeños que los de los otros grupos y con mayor participación en asociaciones del sector.
Como conclusión, la trashumancia es un sistema de alta resiliencia, resulta fundamental para la conservación y funcionalidad de los ecosistemas, y entrega alimentos de altísimo valor nutricional y cultural; sin embargo, existe una necesidad urgente de un mayor apoyo político y un marco regulatorio que la proteja, se adapte a sus particularidades, dignifique las condiciones de trabajo y la vida del ganadero trashumante, y asegure el relevo generacional”.













