La Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA) dice que la producción va a pasar de 1,26 millones de toneladas a novecientas cincuenta mil en la campaña 2023-2024. Es la segunda campaña consecutiva en la que el cultivo de alfalfa desciende de forma significativa. AEFA señala que “el sector de los forrajes deshidratados españoles atraviesa un momento complicado; la campaña tiene muchos problemas, debido a la grave sequía y a las restricciones en el uso del agua”.
Luis Machín, director de AEFA, indica que “llevamos dos años seguidos con muy malas cosechas, debido especialmente al problema de la sequía, que es lo que más está afectando a la producción; no obstante, es pronto para dar una cifra definitiva, ya que queda un par de cortes de alfalfa y las estimaciones pueden variar según el rendimiento de estos”.
En cuanto a la superficie destinada a los forrajes en esta campaña 2023-2024, se estima que será algo inferior a cien mil hectáreas. AEFA achaca esta bajada a dos factores: a la incertidumbre ante la disponibilidad de agua y a las dudas sobre la nueva Política Agraria Común (PAC).
En este sentido, Luis Machín comenta que “la nueva PAC beneficia a los cultivos mejorantes como la alfalfa, por lo que se espera que, de cara a la campaña que viene, recuperemos superficie con relación a ésta, ya que este año llegó algo tarde y muchos agricultores ya tenían decididas sus siembras”.
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Oviaragón participó en el reciente Seminario Internacional sobre los Sistemas Ganaderos Mediterráneos, organizado por el CIHEAM Zaragoza y la FAO. Leticia Riaguas, veterinaria de la citada entidad cooperativa, habló de los retos y de las oportunidades del ovino.
Señaló que “este sector se enfrenta a una serie de obstáculos estructurales que son comunes a muchos países de la cuenca mediterránea, tanto del sur de Europa como del norte de África: falta de relevo generacional, presiones en el mercado llegadas desde modelos de producción intensiva, disminución del consumo de carne de cordero en ciertos segmentos de población y merma en los censos ganaderos”.
Oviaragón expone que, “a pesar de este complejo escenario, hay que reivindicar el papel de la ganadería extensiva y profesional, ya que se perfila como aliada indispensable frente a las crisis globales: es una herramienta clave para combatir la despoblación, mitigar los efectos del cambio climático (gracias a la gestión del territorio y prevención de incendios) y satisfacer la creciente demanda de alimentos de alta calidad y proximidad”.
La FAO ha anunciado su nuevo plan de acción para la transformación sostenible de la ganadería, basado en la cooperación internacional, innovación tecnológica, desarrollo rural y transferencia de conocimiento desde los centros de investigación directamente al campo”.













