Se ha presentado el informe del Consejo Económico y Social de Aragón (CESA) correspondiente al pasado año 2019, un ejercicio que en materia agraria estuvo marcado por la reducción en la producción agrícola (un 6,7 por ciento) y en el aumento de la ganadera (un 10,7 por ciento); como el peso de la ganadería es mayor la producción final agraria subió un 4,2 por ciento.
El agro supone en Aragón el 5,6 por ciento de su Producto Interior Bruto (frente al 2,6 por ciento en España) y el 7 por ciento de su empleo (frente al 5,9 por ciento en España).
La ganadería en Aragón tiene un peso del 65,2 por ciento y la agricultura del 31,6 por ciento (el porcentaje restante corresponde a servicios que no pueden apuntarse a un subsector u otro). En España el peso agricultura-ganadería es inverso respecto a Aragón.
La renta agraria aumentó en valor corriente en 2019 en un 2,1 por ciento (en España cayó un 8,4 por ciento).
La superficie agrícola disminuyó en un 8,1 por ciento y la producción en toneladas bajó en un 18,8 por ciento. Los precios en cambio subieron un 14,8 por ciento. Los principales causantes del recorte agrícola fueron, según el CESA, los cereales, forrajes, viñedo y olivar.
La ganadería aragonesa aumentó su producción en toneladas en un 2,9 por ciento y los precios subieron un 7,6 por ciento. El incremento de precios se produjo sobre todo en el porcino (un 17,7 por ciento). El porcino en Aragón supone el 66,6 por ciento de su ganadería.
ACCESO AL INFORME DEL CESA SOBRE LA SITUACIÓN SOCIOECONÓMICA DE ARAGÓN:
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.










