La Comisión Europea ha publicado este jueves 14 de enero un listado de requisitos para que agricultores y ganaderos puedan percibir compensaciones en el marco de los ecoesquemas de la nueva Política Agraria Común (PAC), que comenzará a aplicarse el 1 de enero de 2023. Este listado va a servir de orientación a los Estados miembros, que se encuentran elaborando los Planes Estratégicos Nacionales.
La pretensión de la Unión Europea es que la nueva PAC permita avanzar en el Pacto Verde, con el objetivo de reducir a la mitad el uso de pesticidas en la agricultura y de antibióticos en la ganadería (con el horizonte del año 2030). También en el citado año deberá haber al menos un 25 por ciento de cultivos orgánicos.
Se va a valorar (para conseguir las compensaciones de los ecoesquemas) la agricultura ecológica, la gestión integrada de plagas, lo que se ha dado en llamar Agroecología, la agricultura de precisión, la mejora del bienestar animal y el manejo adecuado de residuos.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.












