La Comisión Europea ha publicado este jueves 14 de enero un listado de requisitos para que agricultores y ganaderos puedan percibir compensaciones en el marco de los ecoesquemas de la nueva Política Agraria Común (PAC), que comenzará a aplicarse el 1 de enero de 2023. Este listado va a servir de orientación a los Estados miembros, que se encuentran elaborando los Planes Estratégicos Nacionales.
La pretensión de la Unión Europea es que la nueva PAC permita avanzar en el Pacto Verde, con el objetivo de reducir a la mitad el uso de pesticidas en la agricultura y de antibióticos en la ganadería (con el horizonte del año 2030). También en el citado año deberá haber al menos un 25 por ciento de cultivos orgánicos.
Se va a valorar (para conseguir las compensaciones de los ecoesquemas) la agricultura ecológica, la gestión integrada de plagas, lo que se ha dado en llamar Agroecología, la agricultura de precisión, la mejora del bienestar animal y el manejo adecuado de residuos.
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El colectivo veterinario alerta sobre el burnout o síndrome de desgaste profesional; señala que “es un problema colectivo” y que “debe actuarse ya sobre él”
El Colegio de Veterinarios de Huesca acogió días atrás una jornada informativa titulada “Cuando la vocación pesa: el coste emocional de la profesión veterinaria”. Este colectivo puso así sobre la mesa el burnout o síndrome de desgaste profesional, “un problema colectivo que es urgente visibilizar, medir y actuar sobre él”. Es el mensaje que se lanzó en una sesión que fue impartida por Lorena Millán, doctora en Veterinaria y graduada en Psicología Clínica, y presentada por Fernando Carrera, presidente del Colegio de Veterinarios.
En la jornada se apuntó que “el burnout o síndrome de desgaste profesional se define como un estado de agotamiento físico, emocional y mental derivado del estrés laboral crónico; en la profesión veterinaria se ha convertido en un fenómeno de enorme relevancia por su frecuencia y por sus consecuencias”. Se dijo que “es cada vez más un problema colectivo que afecta a todos los que ejercen la profesión veterinaria, repercutiendo en la sostenibilidad de las clínicas y empresas, y en la calidad de la atención que reciben los animales”.
Se habló de tres estudios realizados al respecto, los cuales inciden en que “el burnout veterinario no puede entenderse como una fragilidad individual ni como un problema aislado, sino que es la expresión de un modelo profesional sometido a una elevada presión emocional, organizativa, burocrática y social, por lo que visibilizarlo, medirlo y actuar sobre ello es ya una necesidad urgente”.












