La Organización Interprofesional Láctea (INLAC) ha puesto en marcha una campaña de divulgación sobre la importancia de consumir queso nacional español. Lleva por lema “Quesea”. La Interprofesional da varias razones por las que considera que es importante incluir este producto en la dieta.
Se resumen en que “el queso es rico en proteínas de alto valor biológico y en calcio, es fuente de vitaminas de primera magnitud, y presenta productos innovadores (con un queso para cada consumidor)”.
INLAC recomienda tomar 60 gramos de queso fresco al día ó 30 gramos de que queso semicurado o curado.
Aporta datos sobre consumo de queso en España: “Es uno de los más bajos de Europa, y nuestro país ocupa la posición 37 en el mundo; el consumo de queso en los hogares españoles desde diciembre de 2019 hasta noviembre de 2020 fue de 404.700 toneladas (con un valor de 3.082 millones de euros), aunque el peso de los productos importados de bajo valor añadido es muy alto en la cesta de la compra”.
Más información sobre los quesos de España, en el enlace siguiente:
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.












