La Feria Internacional para la Producción Animal (FIGAN) se ha celebrado de martes a viernes en las instalaciones de Feria de Zaragoza. La previsión inicial era superar los sesenta mil visitantes. Finalmente han sido 54.736. Este certamen ha contado con casi mil marcas expositoras de veintiséis países. Javier Camo, director de FIGAN, apunta que “los profesionales han destacado todos los procesos de digitalización y de mejora de los rendimientos productivos que se han visto estos días en Feria de Zaragoza”. Se ha llevado a cabo un programa de jornadas técnicas con más de cincuenta actividades. En el programa de misiones comerciales han participado más de noventa empresas de catorce países. Como colofón y antes de la asamblea general de Oviaragón en el auditorio de Feria de Zaragoza, Rfeagas ha vuelto a ofrecer una degustación de productos, contando con el chef Borja de la Cruz y las asociaciones de criadores.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.













