El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y los Gobierno de Aragón, Navarra y La Rioja presentan un proyecto LIFE a la convocatoria 2020 de la Unión Europea. Este proyecto busca la reducción del riesgo de inundación en el eje del Ebro, en el marco de la Estrategia Ebro Resilience.
El proyecto tiene un importe de algo más de 12,1 millones de euros, con cofinanciación de la Unión Europea al 55 por ciento y con obras que se ejecutarán en los citados territorios (Aragón, Navarra y La Rioja).
El Ministerio señala que será en octubre cuando se conocerá si la candidatura ha sido seleccionada pero sería en febrero de 2021 cuando se produciría la aprobación definitiva.
Y recuerda que la Estrategia Ebro Resilience tiene como objetivo reducir el impacto de las inundaciones y contribuir a mejorar el estado de las masas de agua y los hábitats riparios en este ámbito territorial de 325 kilómetros de río Ebro (que discurre por 62 municipios de La Rioja, Navarra y Aragón).
Contempla medidas de prevención, protección, preparación y recuperación ante inundaciones; y de mejora de los ecosistemas fluviales.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.












