La Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (INTERPORC) ha recibido la visita de dos delegaciones de importadores de productos porcinos. Procedían de China y de Filipinas. Va a haber una tercera misión comercial inversa: llegará desde Vietnam el 21 de octubre.
El objetivo es que sus integrantes “observen de cerca las operaciones en las plantas de producción, y que disfruten de la calidad de la carne y los productos derivados del cerdo”. El fin último es “reforzar las relaciones comerciales con tres de los mercados más importantes del mundo”.
China importó en 2023 quinientas sesenta mil toneladas de porcino español, con un valor de más de mil doscientos millones de euros. Las cifras de Filipinas son ciento cuarenta y cuatro mil toneladas y doscientos setenta y un millones de euros, y en el caso de Vietnam dieciocho mil toneladas y veintiocho millones de euros.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.













