El grupo operativo INPULSE (Innovando para usar leguminosas en alimentación animal) ha organizado una presentación de sus trabajos y objetivos para el 15 de febrero en Madrid. Dice que es el momento de apostar por el cultivo de leguminosas, como la soja, en España con el fin de reducir la dependencia externa en alimentación animal. Habla de diversificar las fuentes de suministro de proteína vegetal y da los motivos: “El aumento constante de las tensiones comerciales, incrementadas por la pandemia de la COVID-19; la mayor volatilidad de las materias primas agrarias, sujetas a una mayor demanda global y crisis de oferta por los efectos del cambio climático; y el déficit productivo de leguminosas en España”.
Desde el grupo operativo se explica que “las tensiones que se viven en el momento presente en la frontera entre Rusia y Ucrania podrían condicionar el mercado de la alimentación animal; en concreto, y al margen de la elevada importancia que tienen los envíos de cereal o girasol de estos países, las importaciones de Ucrania y Rusia suponen de media el setenta por ciento de las llegadas de guisante, una de las principales alternativas a la soja, con más de cien mil toneladas”.
Se añade que “las leguminosas presentan una importancia destacada en la protección del medio ambiente y en la lucha contra el cambio climático, y son cultivos resilientes, que ofrecen nutrientes esenciales a los ecosistemas biológicos y fijan nitrógeno que beneficia a la salud del suelo; además, las políticas en la Unión Europea y en España abogan por una potenciación de estos cultivos, tanto por su beneficios ambientales como sociales y económicos”.
El grupo operativo INPULSE está constituido por los siguientes miembros: la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (CESFAC), Cooperativas Agro-alimentarias de Aragón, el Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IAS-CSIC), el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) y el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (SERIDA). También participan como miembros colaboradores la Asociación Española de Leguminosas (AEL), el Centro Tecnológico CARTIF, ARS ALENDI, COVAP y la Fundación Española para el Desarrollo de la Nutrición Animal (FEDNA).
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El colectivo veterinario alerta sobre el burnout o síndrome de desgaste profesional; señala que “es un problema colectivo” y que “debe actuarse ya sobre él”
El Colegio de Veterinarios de Huesca acogió días atrás una jornada informativa titulada “Cuando la vocación pesa: el coste emocional de la profesión veterinaria”. Este colectivo puso así sobre la mesa el burnout o síndrome de desgaste profesional, “un problema colectivo que es urgente visibilizar, medir y actuar sobre él”. Es el mensaje que se lanzó en una sesión que fue impartida por Lorena Millán, doctora en Veterinaria y graduada en Psicología Clínica, y presentada por Fernando Carrera, presidente del Colegio de Veterinarios.
En la jornada se apuntó que “el burnout o síndrome de desgaste profesional se define como un estado de agotamiento físico, emocional y mental derivado del estrés laboral crónico; en la profesión veterinaria se ha convertido en un fenómeno de enorme relevancia por su frecuencia y por sus consecuencias”. Se dijo que “es cada vez más un problema colectivo que afecta a todos los que ejercen la profesión veterinaria, repercutiendo en la sostenibilidad de las clínicas y empresas, y en la calidad de la atención que reciben los animales”.
Se habló de tres estudios realizados al respecto, los cuales inciden en que “el burnout veterinario no puede entenderse como una fragilidad individual ni como un problema aislado, sino que es la expresión de un modelo profesional sometido a una elevada presión emocional, organizativa, burocrática y social, por lo que visibilizarlo, medirlo y actuar sobre ello es ya una necesidad urgente”.













