Zaragoza acogió días atrás la primera jornada nacional “¿Cómo protege la profesión veterinaria la salud del planeta?”, organizada por el Colegio de Veterinarios de Zaragoza. Reunió a más de veinte ponentes y más de ciento cincuenta asistentes de distintos ámbitos profesionales procedentes de toda España. Se hace referencia a los ámbitos de la veterinaria, medicina, enfermería, farmacia, biología, microbiología, parasitología, sociología y la industria farmacológica. En el encuentro tuvo un especial protagonismo el enfoque “Una sola salud”, en el sentido de que la sanidad animal es base para la salud humana. Entre los participantes estuvo el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, que presentó la ponencia “Zoonosis en un mundo globalizado”.
En la inauguración de la jornada Joaquín Olona, consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, destacó que “en la consecución de la salud única la ciencia no es suficiente, ya que tenemos que ser capaces de explicar la ciencia desde la multidisciplinariedad, generosidad y empatía para que llegue al ciudadano”. La consejera de Sanidad del Gobierno de Aragón, Sira Repollés, participó en la clausura y aprovechó para “agradecer su trabajo a los profesionales veterinarios, fundamentalmente en lo que aportáis a la salud de las personas, labor muy relevante durante la pandemia de la COVID-19”.
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UPA muestra su decepción al conocer el resultado de la votación habida en el Parlamento Europeo: ha aprobado el Sistema de Preferencias Generalizadas, que permitirá a sesenta y cinco países exportar, durante la próxima década, sus productos, excepto armas y municiones, con aranceles reducidos o nulos. La citada organización agraria dice que “esto ha caído como un jarro de agua fría sobre los productores de arroz españoles, que se ven afectados por importaciones masivas de países como Camboya y Myanmar (antes Birmania)”. UPA lamenta que “se hayan rechazado las pretensiones de los países productores europeos, como España, que exigían la aprobación de unas cláusulas de salvaguardia mucho más intensas, que sirvieran para proteger a los arroceros”.













