DIARIO DEL CAMPO
ASAJA Aragón, UPA Aragón, UAGA-COAG y ARAGA anuncian que secundan la movilización nacional que habrá en próximas fechas para pedir medidas concretas contra el actual precio de los carburantes y los fertilizantes. Piden poder seguir produciendo alimentos y mantener vivo el medio rural.
Las cuatro organizaciones profesionales agrarias aragonesas consideran que “el campo no puede esperar más” y ponen “el ejemplo del precio del gasóleo agrícola con fecha del 7 de septiembre pasado: 1,65 euros por litro, es decir, un cuarenta y ocho por ciento más caro que hace un año”.
Añaden que “la subida del precio se ha producido cuando llega un momento especialmente sensible para el campo aragonés, con las labores de preparación y siembra de los cultivos de invierno, la campaña del maíz, la vendimia y otras actividades agrícolas que requieren un elevado consumo de combustible”.
Indican igualmente que “a esta situación se suma que el próximo 30 de septiembre finaliza la ayuda a la compra de gasóleo agrícola, sin que a menos de dos semanas de su vencimiento se haya planteado una alternativa que permita amortiguar el impacto de esta escalada de precios”.
ASAJA ARAGON, UPA Aragón, UAGA-COAG y ARAGA exigen “respuestas inmediatas al Gobierno de España y al de Aragón”, y reclaman “medidas que permitan reducir el impacto del precio de los carburantes y los fertilizantes sobre agricultores y ganaderos”.
Las organizaciones profesionales agrarias aragonesas señalan que “ya se están coordinando con las del resto de comunidades autónomas para elaborar un calendario conjunto de movilizaciones; las fechas, lugares y formato de las protestas en Aragón se concretarán en los próximos días y serán comunicados públicamente”.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











