Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

sábado, 10 de octubre de 2026

Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

sábado, 10 de octubre de 2026

El azafrán es uno de los productos locales que puede contribuir al salto de calidad de la gastronomía aragonesa

La Escuela Profesional de Cocina Azafrán, ubicada en Zaragoza, acogía un taller del colectivo Gastro Sitios dedicado de forma monográfica al azafrán, producto que se cultiva de forma especial en Teruel aunque también en la zona pirenaica. Durante la sesión se insistió en el mensaje de que el azafrán es uno de los productos aragoneses que puede contribuir al salto de calidad de nuestra gastronomía.

Desde Gastro Sitios se indica que el azafrán es uno de los alimentos de mayor calidad de Aragón pero que todavía es poco conocido por nuestros cocineros.

Ana María Sánchez, investigadora del CITA de Aragón y experta en azafrán, centró su presentación en los aspectos más relacionados con la cocina, como su calidad organoléptica, diferentes variedades y sabores que ofrece.

Ángel Roza, presidente de la Asociación de Productores de Azafrán de Jiloca (AZAJI), en representación de los productores de Teruel presentó sus actividades, como el reciente concurso nacional de azafranes.

Manifestó la necesidad de que los hosteleros aragoneses conozcan y le den valor al azafrán de la tierra por su calidad, y por su rentabilidad económica y de sabor que supone.

El profesor emérito Manuel Val impartió una charla sobre la cultura, historia y tradición de la recolección del azafrán, sobre todo en tierras turolenses.

Y José Antonio Esteban, propietario con su hijo de la empresa La Carrasca, que produce azafrán ecológico, habló sobre la evolución reciente y sus propuestas innovadoras con chocolates, licores,… que están exportando en gran medida a Europa.

Cuatro profesionales voluntarios de los Gastro Sitios elaboraron varias tapas innovadoras y llamativas con el azafrán como protagonista. Fueron Roberto Baquero, del Nela Restaurante; Luis Vicente, de El Escondite; Silvia Ambrosse, por La Malteadora; y Sergio Estornel, del Masclaras.

11 de marzo de 2020

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
Ir a Arriba