“Nociones básicas de calidad de harinas: Laboratorio, fuente de datos” ha sido el título de la primera sesión on line del Plan de Formación 2021 de la Asociación Española de Técnicos Cerealistas (AETC). Ha contado con más de 250 asistentes, muchos de ellos de Latinoamérica; y con la participación del catedrático Manuel Gómez.
En esta jornada se han presentado los principales equipos que aportan información necesaria para el desarrollo de procesos, desde la cosecha hasta la producción de alimentos derivados de los cereales y las leguminosas.
Manuel Gómez ha destacado la cultura harinera de España y “la gran cantidad de condicionantes externos que pueden afectar a la calidad de esta materia prima, lo que implica realizar un escrupuloso análisis (desde la recepción de los trigos) asegurando la funcionalidad de las harinas para los usos específicos deseados”.
Para este catedrático “la recepción del grano, la separación de impurezas, la determinación de la humedad, el tamaño y el peso específico, el tipo de molienda y las características de las harinas obtenidas son fundamentales para optimizar los recursos de los que disponemos y satisfacer las demandas del cliente al que destinamos cada harina”.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.












