“Nociones básicas de calidad de harinas: Laboratorio, fuente de datos” ha sido el título de la primera sesión on line del Plan de Formación 2021 de la Asociación Española de Técnicos Cerealistas (AETC). Ha contado con más de 250 asistentes, muchos de ellos de Latinoamérica; y con la participación del catedrático Manuel Gómez.
En esta jornada se han presentado los principales equipos que aportan información necesaria para el desarrollo de procesos, desde la cosecha hasta la producción de alimentos derivados de los cereales y las leguminosas.
Manuel Gómez ha destacado la cultura harinera de España y “la gran cantidad de condicionantes externos que pueden afectar a la calidad de esta materia prima, lo que implica realizar un escrupuloso análisis (desde la recepción de los trigos) asegurando la funcionalidad de las harinas para los usos específicos deseados”.
Para este catedrático “la recepción del grano, la separación de impurezas, la determinación de la humedad, el tamaño y el peso específico, el tipo de molienda y las características de las harinas obtenidas son fundamentales para optimizar los recursos de los que disponemos y satisfacer las demandas del cliente al que destinamos cada harina”.
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La Judía Blanca de Muniesa se suma al Tomate Rosa de Barbastro y al Melón de Torres de Berrellén como variedad de conservación. Ha sido inscrita en el Catálogo Nacional o Registro de Variedades Comerciales. Es un “reconocimiento oficial a su valor como variedad local estrechamente ligada al territorio y a la historia agrícola de Muniesa, en la provincia de Teruel”. La conservación y recuperación de esta judía se debe a la familia Yus, y la tramitación la ha liderado Cristina Mallor, responsable del Banco de Germoplasma Hortícola del CITA de Aragón. La Judía Blanca de Muniesa se presenta como “una variedad tradicional destinada al consumo de grano seco, reconocida en la zona por su calidad organoléptica; tras el cocinado, destaca por una piel poco perceptible y por su textura mantecosa”.












