Una de las conclusiones del Congreso Mundial del Aceite de Oliva, celebrado en Lisboa (Portugal) días atrás, es la siguiente: “Crece el consumo de este producto en Estados Unidos, Brasil y Asia-Pacífico, mientras en la península Ibérica menos almazaras concentran un mayor porcentaje de producción”.
Abderraouf Laajimi, director ejecutivo adjunto del Consejo Oleícola Internacional, señaló que “el consumo mundial de aceite de oliva casi se ha duplicado desde 1990 hasta superar los tres millones de toneladas, con Estados Unidos como primer importador global, Brasil como segundo y el área de Asia-Pacífico acumulando el veintidós por ciento del crecimiento global de la demanda”.
Juan Vilar, consultor estratégico internacional, habló sobre “la paulatina integración industrial para producir aceite de oliva: actualmente sesenta almazaras —poco más del dos por ciento del total actual de la Península ibérica— procesan ya un tercio de toda la producción; es una concentración progresiva ante unos costes fijos cada vez menos sostenibles”. El estudio del Aula Universitaria Oleícola Innova, de la Universidad Internacional de Andalucía, estima que “doscientas almazaras cerrarán en cinco años, llegando a quinientas menos en una década”.
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La agricultura, sin la que no habría sido posible la llegada de la civilización, celebra este miércoles, 9 de septiembre, su Día Mundial
ALBERTO CEBRIÁN
El ser humano habita en sociedad, y se considera que vive de forma civilizada. Al menos, eso es lo que se dice. Ello es posible gracias a que en tiempos remotos se produjo el nacimiento de la agricultura y la ganadería. Sin estas actividades, la civilización no habría sido posible. Es una reflexión que se puede realizar en el marco del Día Mundial de la Agricultura, que se conmemora todos los 9 de septiembre.
Esta efemérides pretende “rendir homenaje a quienes trabajan la tierra y producen alimentos”. Se lanza el mensaje de que “la agricultura es la base de la alimentación y de la economía global”.
En este 2026 la conmemoración coincide con el Año Internacional de la Mujer Agricultora. El objetivo de éste último es “poner de relieve el papel esencial que desempeñan las féminas en los sistemas agroalimentarios —desde la producción hasta el comercio—, a pesar de que a menudo no se les reconoce”.
Día Mundial de la Agricultura y Año Internacional de la Mujer Agricultora se conmemoran por iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
AGRICULTURA, CLAVE DE BÓVEDA DE LA CIVILIZACIÓN
El ensayo El bazar infinito, obra de quien suscribe, explica cómo surgió la agricultura y la ganadería en el mundo, un fenómeno que supuso, tal y como ha quedado dicho, el nacimiento de las distintas civilizaciones: Mesopotamia, Egipto, China, la India, los Andes y Centroamérica.
Lo que cuento en El bazar infinito es lo siguiente:
“Tras el origen de la Tierra y el nacimiento de la vida, y una vez que había aparecido el ser humano, éste vivió un proceso determinante para su evolución. Ocurrió hace unos diez mil años, todavía en la prehistoria, y consistió en el surgimiento de la agricultura y ganadería; ello supuso que los humanos dejasen de ser trogloditas.
Los moradores de las cavernas habían sido nómadas hasta ese momento, organizados en grupos pequeños. Todos sus integrantes tenían el objetivo común de sobrevivir. Obtenían alimentos gracias a la recolección de raíces, plantas y frutos, así como a través de la caza de pequeños animales silvestres (reptiles, roedores,…). Fueron aprendiendo paulatinamente a capturar piezas más grandes y también a pescar.
La observación del comportamiento de la naturaleza trajo consigo un cambio importante en el modo de vida. El ser humano fue domesticando las plantas y los animales, lo que provocó que los asentamientos de población pasaran a ser estables, formando pequeñas aldeas.
Todo parece indicar que la aparición de la agricultura y ganadería se produjo de forma paralela e independiente en distintos puntos del mundo, como Mesopotamia, Egipto, China, la India, los Andes y Centroamérica. Las aldeas crecieron en tamaño y en nivel de organización, dando lugar a las primeras ciudades.
La evolución no se detuvo y esas sociedades llegaron a alcanzar un grado de sofisticación muy elevado, sobre todo en el primer milenio antes de Cristo y en concreto con el apogeo de la Grecia clásica.
A finales de la prehistoria y en las primeras civilizaciones, el comercio estuvo fundamentado en el trueque de productos y servicios. Sin embargo, se fue haciendo más complejo conforme crecieron los excedentes de materias primas y manufacturas. Se inventó el dinero, comenzó a usarse la escritura y entró en juego el transporte marítimo.
Como grandes expertos en esta materia —comercio y navegación— encontramos a los fenicios, con los que se alcanzó el primer fenómeno de globalización; fue en el mar Mediterráneo”.
Y, claro está, la historia continuó, con la llegada de la antigua Roma, la Ruta de la Seda, Venecia, el dominio aragonés del Mediterráneo, el descubrimiento de América y la gran ruta comercial que unió Asia, América y Europa, en manos del Imperio español. Nada de todo ello habría ocurrido sin la llegada de la agricultura, verdadero fenómeno disruptivo que se conmemora este miércoles, 9 de septiembre.















