El Boletín Oficial de Aragón (BOA) de fecha 29 de diciembre de 2020 ha publicado una convocatoria de subvenciones por valor de 850.000 euros para la creación de grupos y redes en el ámbito de la sanidad vegetal y el control integrado de plagas en el año 2021. Se trata de una convocatoria del Departamento de Agricultura del Gobierno de Aragón.
El Ejecutivo aragonés incide en el término innovación institucional para referirse a la apuesta que se ha realizado en este territorio por las redes de vigilancia fitosanitaria, a favor de la sanidad vegetal.
El Departamento de Agricultura señala que “la sanidad vegetal es un factor determinante de la competitividad agroalimentaria en el contexto del mercado global, así como de contribución a la salud pública”.
Y valora la respuesta del propio sector agrícola, a través de las cooperativas y de las Agrupaciones para Tratamientos Integrados en Agricultura (ATRIAs); dice que ha sido muy positiva.
El Gobierno de Aragón indica que “la concesión de subvenciones contribuye a la implantación y al sostenimiento de redes de vigilancia fitosanitaria orientadas a frutales, cultivos herbáceos, viña, olivo u hortícolas; se plantean como herramientas útiles en la prevención y lucha contra plagas, y en la racionalización del uso de medios de defensa fitosanitaria”.
Y añade que “se subvencionarán las actividades de seguimiento de la fenología y plagas de los cultivos, investigación e innovación en el ámbito de la gestión integrada de plagas, y los nuevos métodos de control de plagas”.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.












