Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

sábado, 10 de octubre de 2026

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Aragón defiende que la nueva PAC se adapte a su realidad territorial y dé estabilidad a agricultores y ganaderos

DIARIO DEL CAMPO

Aragón fija las líneas básicas de cómo debe ser la nueva Política Agraria Común (PAC) para el periodo 2028-2034. Dice que “ha de quedar muy claro qué presupuesto va a haber para el agro, que se adapte a la realidad de cada territorio de Aragón, que las ayudas lleguen a quienes trabajan en el campo y producen alimentos, y que la incorporación de jóvenes sea una de sus prioridades”. Añade que “todo ello para dar estabilidad a los agricultores y ganaderos”.

Así se resume la postura defendida por la consejera de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón, Arancha Simón, en el encuentro que mantuvo este miércoles, 16 de septiembre de 2026, con el Ministerio de Agricultura y las restantes comunidades autónomas.

Aragón defiende que “España y Europa no deben cerrar la negociación de la nueva PAC sin aclarar antes con qué presupuesto va a contar el campo, ya que no se puede pedir al sector que planifique su futuro mientras se mantiene la incertidumbre sobre la financiación”.

Este territorio aboga por un “presupuesto similar al del actual periodo” y que, “aunque haya reglas comunes, debe darse también un grado suficiente de adaptación a las características productivas y climáticas de cada zona de Aragón”.

La consejera Arancha Simón insiste en que “las ayudas deben llegar a quienes trabajan el campo y producen alimentos, y deben tener en cuenta la actividad real de la ganadería extensiva, la despoblación y el empleo que mantienen las denominaciones de origen y la industria agroalimentaria en los pueblos”.

Respecto a la incorporación de jóvenes al sector agrario, Aragón considera que, “aunque reservar entre un siete y un diez por ciento de los fondos para este objetivo pueda ser positivo, una prima no sirve si el joven no puede acceder a la tierra o si la transmisión de la explotación resulta inasumible”.

17 de septiembre de 2026

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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