UPA se ha pronunciado sobre el acuerdo comercial cerrado entre la Unión Europea y la India. Lo valora al “abrirse un nuevo mercado de mil cuatrocientos cincuenta millones de personas” y al “otorgarse protección a nuestro sectores más sensibles”.
UPA analiza el acuerdo del modo siguiente:
“La Comisión Europea ha apretado el paso para buscar nuevas alianzas y reforzar el papel de Europa en un contexto internacional dinamitado por las políticas de Estados Unidos.
El acuerdo europeo con la India refuerza el papel exportador de nuestros alimentos, al tiempo que protege de forma firme a los sectores más sensibles, como el vacuno, azúcar, arroz, avicultura y miel, que no se liberalizarán.
Todas las importaciones indias seguirán teniendo que respetar las estrictas normas de salud y seguridad alimentaria de la Unión Europea.
El acuerdo elimina o reduce los aranceles de más del treinta y seis por ciento de media sobre las exportaciones de productos agroalimentarios de la Unión Europea, abriendo un mercado de unos mil cuatrocientos cincuenta millones de habitantes a los agricultores europeos.
El vino, aceite de oliva, ovino y productos cárnicos aparecen a priori como los que podrían beneficiarse más directamente del acuerdo.
La Unión Europea y la India están negociando actualmente un acuerdo separado sobre indicaciones geográficas, que ayudará a los productos agrícolas europeos con marcas de calidad a vender más en la India, eliminando la posible competencia desleal en forma de imitaciones”.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











