Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

lunes, 4 de mayo de 2026

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UPA, en su balance agrario, califica 2020 como año dramático pero que ha servido para poner en valor el agro

UPA presenta su balance agrario de este año 2020, el cual es calificado como dramático por los muertos y afectados por la COVID-19. Se destaca, por positivo, el que haya servido para reconocer la valía del trabajo de agricultores y ganaderos. UPA valora que la sociedad haya visto el carácter esencial de los productores de alimentos.

Lo que se dice desde UPA sobre 2020 es que “comenzamos el año en las calles, exigiendo precios justos; y lo continuamos trabajando, como siempre, alimentando a la sociedad, vertebrando el medio rural y cuidando el medio ambiente”.

Esta organización profesional agraria habla de 2020 como “año dramático, por las pérdidas humanas y la crisis sanitaria, que es lo verdaderamente importante, pero que ha permitido a la sociedad ser más consciente que nunca de lo esencial; y ahí estamos los agricultores y ganaderos, alimentando con estabilidad, calidad y regularidad a toda la sociedad”.

El secretario general de UPA, Lorenzo Ramos, recuerda que “el año empezó con la mayor revuelta del campo de la historia de España, la de los Agricultores al Límite, con movilizaciones que sacaron a la calle a miles de personas en todo el país”.

Y cree que, luego, la sociedad ha sido “más consciente que nunca de que en el campo español hay cerca de un millón de personas que alimentan a todos, generando vida y riqueza, y además cuidando el medio ambiente”.

UPA pide para 2021 “seguir avanzando en la lucha por los precios justos, así como culminar el proceso de reforma de la nueva Política Agraria Común (PAC), para que sea más justa y eficaz”. Esta organización concluye: “Seguimos ahí a pesar de todas las dificultades; somos resistentes pero también frágiles, y somos dignos de respeto, apoyo y protección”.

28 de diciembre de 2020

Otras noticias

Radiografía de la trashumancia en España: “Existe una gran diversidad de pastores pero con una base cultural y una práctica comunes”

La Universidad de Córdoba, con los investigadores Francisco Lagos y Elisa Oteros a la cabeza, ha realizado un estudio sobre la trashumancia en España. Concluye que “existe una gran diversidad de pastores pero con una base cultural y una práctica comunes”. El trabajo se ha llevado a cabo en el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores.

El informe que emana del citado estudio dice lo siguiente:

“Más allá de su valor económico, el pastoreo realiza contribuciones ambientales, sociales y culturales esenciales para la conservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático. La trashumancia también desempeña un papel fundamental en la sostenibilidad socioecológica y la vitalidad de los territorios rurales.

Se trata de una práctica milenaria que implica la migración estacional de los rebaños, desplazados por los pastores a otras latitudes en busca de alimento y condiciones climáticas favorables. Es un patrimonio vivo de inmenso valor alimentario, cultural, social y ecológico.

La investigación se ha basado en ochenta y cuatro entrevistas a pastores trashumantes de ocho regiones de España. Se han establecido tres grupos de trashumantes, vinculados principalmente a las vías pecuarias y los territorios donde desarrollan su actividad: la Cañada Real Conquense, la Cañada Real Segoviana y la zona de Santiago-Pontones, en Jaén.

El primer grupo, con una media de edad de cincuenta y cinco años, lleva a cabo trashumancias más largas, con rebaños de mayor tamaño y mixtos en cuanto a especies.

El segundo grupo es más joven, con una media de edad de cuarenta y siete años, y se centra en el ganado vacuno, especialmente de raza avileña negra ibérica, con trashumancias más cortas que el primero y con canales de venta de sus productos más diversos y directos.

El tercer grupo realiza la trashumancia principalmente entre la sierra de Segura y sierra Morena, con rebaños mayoritariamente de ovejas, más pequeños que los de los otros grupos y con mayor participación en asociaciones del sector.

Como conclusión, la trashumancia es un sistema de alta resiliencia, resulta fundamental para la conservación y funcionalidad de los ecosistemas, y entrega alimentos de altísimo valor nutricional y cultural; sin embargo, existe una necesidad urgente de un mayor apoyo político y un marco regulatorio que la proteja, se adapte a sus particularidades, dignifique las condiciones de trabajo y la vida del ganadero trashumante, y asegure el relevo generacional”.

22 de abril de 2026 |
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