La Universidad de Córdoba, con los investigadores Francisco Lagos y Elisa Oteros a la cabeza, ha realizado un estudio sobre la trashumancia en España. Concluye que “existe una gran diversidad de pastores pero con una base cultural y una práctica comunes”. El trabajo se ha llevado a cabo en el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores.
El informe que emana del citado estudio dice lo siguiente:
“Más allá de su valor económico, el pastoreo realiza contribuciones ambientales, sociales y culturales esenciales para la conservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático. La trashumancia también desempeña un papel fundamental en la sostenibilidad socioecológica y la vitalidad de los territorios rurales.
Se trata de una práctica milenaria que implica la migración estacional de los rebaños, desplazados por los pastores a otras latitudes en busca de alimento y condiciones climáticas favorables. Es un patrimonio vivo de inmenso valor alimentario, cultural, social y ecológico.
La investigación se ha basado en ochenta y cuatro entrevistas a pastores trashumantes de ocho regiones de España. Se han establecido tres grupos de trashumantes, vinculados principalmente a las vías pecuarias y los territorios donde desarrollan su actividad: la Cañada Real Conquense, la Cañada Real Segoviana y la zona de Santiago-Pontones, en Jaén.
El primer grupo, con una media de edad de cincuenta y cinco años, lleva a cabo trashumancias más largas, con rebaños de mayor tamaño y mixtos en cuanto a especies.
El segundo grupo es más joven, con una media de edad de cuarenta y siete años, y se centra en el ganado vacuno, especialmente de raza avileña negra ibérica, con trashumancias más cortas que el primero y con canales de venta de sus productos más diversos y directos.
El tercer grupo realiza la trashumancia principalmente entre la sierra de Segura y sierra Morena, con rebaños mayoritariamente de ovejas, más pequeños que los de los otros grupos y con mayor participación en asociaciones del sector.
Como conclusión, la trashumancia es un sistema de alta resiliencia, resulta fundamental para la conservación y funcionalidad de los ecosistemas, y entrega alimentos de altísimo valor nutricional y cultural; sin embargo, existe una necesidad urgente de un mayor apoyo político y un marco regulatorio que la proteja, se adapte a sus particularidades, dignifique las condiciones de trabajo y la vida del ganadero trashumante, y asegure el relevo generacional”.
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