Más de cien personas han participado en los talleres de diagnóstico organizados por el centro de desarrollo CEDESOR, que engloba a las comarcas del Sobrarbe y la Ribagorza. Se celebraron para elaborar la estrategia de desarrollo local LEADER (periodo 2023-2027).
La primera acción realizada fue un sencillo cuestionario on line de diagnóstico, para conocer la situación de partida de ambas comarcas y definir las necesidades del territorio: “Entre los puntos fuentes, se encuentran la posición del territorio como destino turístico de calidad, así como la conservación de una forma de vida rural y saludable, con importante consumo local o de proximidad; como aspectos que hay que mejorar, se hizo énfasis en la mejora del mercado laboral, además del reto demográfico, vivienda, gestión forestal,…”.
Posteriormente, del 14 al 16 de marzo, se desarrollaron los talleres participativos de diagnóstico, de forma dual: presencial en el Ayuntamiento de Campo y on line. Las temáticas de los talleres fueron economía rural, medio ambiente y sociedad (infraestructuras y servicios públicos, mejora de la calidad de vida e inclusión social). De las conclusiones de dichos talleres, cabe destacar algunas de las necesidades detectadas en el territorio: “Vivienda, acceso a servicios y productos básicos, transporte y movilidad sostenible, inclusión sociolaboral, gestión forestal,…”.
CEDESOR va a continuar en las próximas semanas el proceso participativo con varias acciones, entre ellas, un cuestionario on line de necesidades, un taller dual de estructura (para identificar las líneas estratégicas y tipología de las operaciones subvencionables) y un taller presencial interno de carácter técnico (para concretar la estructura y aspectos operativos de la estrategia de desarrollo local LEADER). Además, está previsto llevar a cabo sesiones internas de trabajo en el seno del grupo de acción local, entrevistas con diferentes agentes del territorio y una sesión final.
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Radiografía de la trashumancia en España: “Existe una gran diversidad de pastores pero con una base cultural y una práctica comunes”
La Universidad de Córdoba, con los investigadores Francisco Lagos y Elisa Oteros a la cabeza, ha realizado un estudio sobre la trashumancia en España. Concluye que “existe una gran diversidad de pastores pero con una base cultural y una práctica comunes”. El trabajo se ha llevado a cabo en el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores.
El informe que emana del citado estudio dice lo siguiente:
“Más allá de su valor económico, el pastoreo realiza contribuciones ambientales, sociales y culturales esenciales para la conservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático. La trashumancia también desempeña un papel fundamental en la sostenibilidad socioecológica y la vitalidad de los territorios rurales.
Se trata de una práctica milenaria que implica la migración estacional de los rebaños, desplazados por los pastores a otras latitudes en busca de alimento y condiciones climáticas favorables. Es un patrimonio vivo de inmenso valor alimentario, cultural, social y ecológico.
La investigación se ha basado en ochenta y cuatro entrevistas a pastores trashumantes de ocho regiones de España. Se han establecido tres grupos de trashumantes, vinculados principalmente a las vías pecuarias y los territorios donde desarrollan su actividad: la Cañada Real Conquense, la Cañada Real Segoviana y la zona de Santiago-Pontones, en Jaén.
El primer grupo, con una media de edad de cincuenta y cinco años, lleva a cabo trashumancias más largas, con rebaños de mayor tamaño y mixtos en cuanto a especies.
El segundo grupo es más joven, con una media de edad de cuarenta y siete años, y se centra en el ganado vacuno, especialmente de raza avileña negra ibérica, con trashumancias más cortas que el primero y con canales de venta de sus productos más diversos y directos.
El tercer grupo realiza la trashumancia principalmente entre la sierra de Segura y sierra Morena, con rebaños mayoritariamente de ovejas, más pequeños que los de los otros grupos y con mayor participación en asociaciones del sector.
Como conclusión, la trashumancia es un sistema de alta resiliencia, resulta fundamental para la conservación y funcionalidad de los ecosistemas, y entrega alimentos de altísimo valor nutricional y cultural; sin embargo, existe una necesidad urgente de un mayor apoyo político y un marco regulatorio que la proteja, se adapte a sus particularidades, dignifique las condiciones de trabajo y la vida del ganadero trashumante, y asegure el relevo generacional”.















