Es la previsión que realiza la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA). Dice que “la cosecha de alfalfa de esta temporada podría situarse cerca de 1,15 millones de toneladas, es decir, unas trescientas mil menos que en la campaña anterior; las primeras estimaciones indican que la producción en la temporada 2022-2023 va a disminuir un veinticinco por ciento”. AEFA señala que “la superficie que se ha destinado a la deshidratación ha sufrido una fuerte bajada en el global de España (cerca de un veinte por ciento); a esta situación se le ha sumado la sequía, que está afectando a la mayoría de comunidades autónomas donde se producen forrajes, y la aparición de plagas de gusano en el cuarto corte de la alfalfa”. La citada asociación añade que “la campaña ya la comenzamos con la idea de una bajada de producción debido a la disminución de superficie cultivada; desgraciadamente este año todos los factores que pueden influir negativamente en el cultivo se están dando, como son la dificultad para regar los últimos cortes en algunas zonas productoras, la sequía en los forrajes de secano y también la aparición de plaga de gusano en el cuarto corte”. Del total de los forrajes procesados en España en lo que va de campaña, el ochenta por ciento correspondería a alfalfa deshidratada (tanto en formato bala como en granulado), el trece por ciento a otros forrajes (festuca, ray Grass y vezas) y el 6,4 por ciento a la avena forrajera.
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Oviaragón defiende en el ámbito internacional mediterráneo “el valor de la ganadería extensiva y del ovino para afrontar crisis globales”
Oviaragón participó en el reciente Seminario Internacional sobre los Sistemas Ganaderos Mediterráneos, organizado por el CIHEAM Zaragoza y la FAO. Leticia Riaguas, veterinaria de la citada entidad cooperativa, habló de los retos y de las oportunidades del ovino.
Señaló que “este sector se enfrenta a una serie de obstáculos estructurales que son comunes a muchos países de la cuenca mediterránea, tanto del sur de Europa como del norte de África: falta de relevo generacional, presiones en el mercado llegadas desde modelos de producción intensiva, disminución del consumo de carne de cordero en ciertos segmentos de población y merma en los censos ganaderos”.
Oviaragón expone que, “a pesar de este complejo escenario, hay que reivindicar el papel de la ganadería extensiva y profesional, ya que se perfila como aliada indispensable frente a las crisis globales: es una herramienta clave para combatir la despoblación, mitigar los efectos del cambio climático (gracias a la gestión del territorio y prevención de incendios) y satisfacer la creciente demanda de alimentos de alta calidad y proximidad”.
La FAO ha anunciado su nuevo plan de acción para la transformación sostenible de la ganadería, basado en la cooperación internacional, innovación tecnológica, desarrollo rural y transferencia de conocimiento desde los centros de investigación directamente al campo”.













