La carne de lechal, cordero y cabrito quiere salir de su vinculación tradicional con fiestas y fechas especiales. Se reivindica para su consumo también a diario y en contextos informales. Ésa es la idea con la que la Interprofesional del Ovino y el Caprino de Carne (INTEROVIC) acudirá a la feria Horeca Professional Expo (HIP), que tendrá lugar en IFEMA de Madrid del 16 al 18 de febrero de 2026.
Esta participación tiene como objetivo “acercar al mundo de la hostelería las últimas innovaciones relativas a la carne de lechal, cordero y cabrito”. Las acciones promocionales se desarrollarán en el pabellón nueve.
Es una iniciativa que se encuadra en la campaña “Celebra lo cotidiano con cordero”, que busca “acercar el consumo de esta carne, producida en la Unión Europea, a los momentos diarios, apostando por formatos innovadores, versátiles y adaptados a los gustos actuales”.
Por ello, se pone el acento en formatos como la tapa o el bocadillo —el paquito de cordero—; también se pone el foco en presentaciones y cortes innovadores, pensados para “diferenciar la oferta en hostelería, incorporarlos a elaboraciones de cuarta y quinta gama, y ampliar los formatos de consumo, con la llegada del cordero al lineal de platos preparados en supermercados”.
En IFEMA de Madrid se servirá la mejor tapa de España 2025: Milpa, un anillo de maíz y lechazo. Se presenta como “una propuesta que combina tradición, producto y creatividad; pone en valor la versatilidad de la carne de cordero en cocina, al tiempo que utiliza un formato moderno e innovador”.
Habrá también una demostración de cocina y una degustación de la versión del paquito realizada por el grupo Saona: un brioche de cordero con mahonesa picante y crumble de galleta salada.
INTEROVIC ha organizado una sesión magistral dedicada al tartar de cordero, preparado con carne de pierna o solomillo muy fresca y magra, cortada a cuchillo. Se adereza con alcaparras, pepinillos, chalota, mostaza, salsa Perrins, huevo y especias.
Y se ofrecerá un menú temático con el cordero como protagonista para “dar visibilidad a la versatilidad del producto en elaboraciones que se pueden adaptar a muchos tipos de cocinas y negocios hosteleros”: ensaladilla de cordero como entrante, un paquito como principal y un postre en el que se utilizará manteca de cordero.
Además, todos los días en horario de mañana habrá demostraciones de cortes y preparaciones de cordero, con la intención de que sean “presentaciones idóneas para incluir en la hostelería, con cortes innovadores para diferenciar un negocio o para incluir en la cuarta y quinta gama”.
INTEROVIC incide en “la importancia de la producción de carne de lechal, cordero y cabrito en España, con sus más de ciento diez mil granjas de ovino y unas setenta y cinco mil de caprino, y con su contribución a la preservación del paisaje rural, mejora de la fertilidad del suelo, apoyo a la biodiversidad y prevención de incendios forestales”.
Añade que “el consumo de estas carnes ayuda a proteger razas autóctonas adaptadas a ecosistemas locales; fomenta el desarrollo económico en zonas rurales, que de otro modo quedarían sin actividad; y conecta directamente con la tradición y la cultura gastronómica española”.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











