El salón de actos de Feria de Zaragoza acogió el 15 de febrero de 2024 la tercera mesa técnica del IX Foro Nacional de Desarrollo Rural, organizado por el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Aragón, Navarra y País Vasco. Esta mesa llevó por título “Servicios digitales y tecnológicos de apoyo al asesoramiento”. Ahí se indicó que “la digitalización permite facilitar la vida al sector agroalimentario”. También se apuntó que “debe haber sistemas informáticos capaces y aplicaciones móviles de calidad e interactivas”.
Beatriz Recio, del Consejo Asesor del Instituto para el Liderazgo Estratégico de España, recordó que “se suele decir que un sector no se digitaliza mientras no puede llevar el ordenador a su centro de producción”, y añadió: “Eso ya es una realidad en el campo español”.
Alberto García, de la Federación Española del Vino, que representa a unas mil bodegas, expuso que “la pretensión de esta entidad es hacer más fácil la vida al sector bodeguero y en ello tiene un papel primordial la digitalización, que ya no es una opción, sino que es una necesidad para el sector vinícola”.
Las grandes firmas del sector bodeguero ya habían apostado hace tiempo por la digitalización, frente a la realidad de las bodegas pequeñas. Se ha observado en éstas una mejoría, y ya empiezan a apostar por las nuevas tecnologías. Alberto García dijo que “ello es el resultado del trabajo realizado con la creación en 2020 de un hub o punto de encuentro entre digitalización y vino, sentando a la mesa a todos los agentes que tuviesen algo que decir en esta materia”.
Mario Murua, de la REdFAra de Sanidad Vegetal de Aragón, explicó cómo trabaja en la zona de Ricla (Zaragoza) en el asesoramiento de una veintena de agricultores que cuentan con cientos de hectáreas de fruta de hueso (también con algunas de fruta de pepita).
Dijo que se recoge información en el campo y que se hace un seguimiento on line. Además, los datos se comparan con el histórico de cada punto, con lo que se puede avisar al agricultor en caso de que se observe un incremento en la presencia de una plaga. También se realizan recomendaciones preventivas y de tratamiento.
Ana María Cano, de Cooperativas Agro-alimentarias de la Comunidad Valenciana, expuso que se intenta involucrar a las cooperativas agrarias porque son esenciales para saber qué se necesita en el campo para poder luego investigar y asesorar. Le gusta decir que “hay que llevar el conocimiento a las trincheras, es decir, a la realidad de las empresas”.
Un ejemplo de lo apuntado es el proyecto DETERTORYZA, vinculado con el sector del arroz de la Albufera de Valencia. Ana María Cano explicó: “Usamos drones para captar imágenes e información sobre el cultivo. Ello se analiza y el resultado sirve de base para facilitar consejos a los agricultores y que les resulte más sencilla la toma de decisiones”.
Vicent Insa, de Cooperativas Agro-alimentarias de la Comunidad Valenciana, reconoció que “hay que corregir algunas cosas en el funcionamiento de los AKIS o sistemas de innovación y conocimiento agroalimentario”. Puso algún ejemplo: “Hemos de trabajar sobre las peculiaridades mediterráneas, que son desconocidas en buena parte de Europa y en Estados Unidos”.
Señaló, además, que “la tecnología avanza mucho pero, en cambio, la normativa no se adapta a la misma velocidad; es el caso de lo que ocurre con los drones, especialmente en su uso para realizar aplicaciones fitosanitarias”.
Fernando Rubio, de la Plataforma Chill (digitalización en el sector agro), dijo en referencia a la Plataforma de Asesores de Aragón que, “a la hora de plantearse una iniciativa de estas características, se debe contar con un sistema informático que sostenga el proyecto, elaborar un plan sobre qué hacer y cómo se va a hacer, buscar e implicar a los usuarios para que la difusión sea efectiva e intentar que el proyecto sea sostenible en el tiempo”.
Añadió que, “si se quiere llegar a los agricultores, se debe apostar por las aplicaciones móviles”. Dio detalles sobre cómo deben ser éstas: “Han de ser de alta calidad e interactivas; contar con servicio de chat, lo que permite que haya interrelación entre actores y entre iguales (agricultores y ganaderos); y es muy importante que haya servicio de notificaciones, porque así el conocimiento se mueve y llega al usuario, es decir, a los agricultores y ganaderos”.
Otras noticias
La agricultura, sin la que no habría sido posible la llegada de la civilización, celebra este miércoles, 9 de septiembre, su Día Mundial
ALBERTO CEBRIÁN
El ser humano habita en sociedad, y se considera que vive de forma civilizada. Al menos, eso es lo que se dice. Ello es posible gracias a que en tiempos remotos se produjo el nacimiento de la agricultura y la ganadería. Sin estas actividades, la civilización no habría sido posible. Es una reflexión que se puede realizar en el marco del Día Mundial de la Agricultura, que se conmemora todos los 9 de septiembre.
Esta efemérides pretende “rendir homenaje a quienes trabajan la tierra y producen alimentos”. Se lanza el mensaje de que “la agricultura es la base de la alimentación y de la economía global”.
En este 2026 la conmemoración coincide con el Año Internacional de la Mujer Agricultora. El objetivo de éste último es “poner de relieve el papel esencial que desempeñan las féminas en los sistemas agroalimentarios —desde la producción hasta el comercio—, a pesar de que a menudo no se les reconoce”.
Día Mundial de la Agricultura y Año Internacional de la Mujer Agricultora se conmemoran por iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
AGRICULTURA, CLAVE DE BÓVEDA DE LA CIVILIZACIÓN
El ensayo El bazar infinito, obra de quien suscribe, explica cómo surgió la agricultura y la ganadería en el mundo, un fenómeno que supuso, tal y como ha quedado dicho, el nacimiento de las distintas civilizaciones: Mesopotamia, Egipto, China, la India, los Andes y Centroamérica.
Lo que cuento en El bazar infinito es lo siguiente:
“Tras el origen de la Tierra y el nacimiento de la vida, y una vez que había aparecido el ser humano, éste vivió un proceso determinante para su evolución. Ocurrió hace unos diez mil años, todavía en la prehistoria, y consistió en el surgimiento de la agricultura y ganadería; ello supuso que los humanos dejasen de ser trogloditas.
Los moradores de las cavernas habían sido nómadas hasta ese momento, organizados en grupos pequeños. Todos sus integrantes tenían el objetivo común de sobrevivir. Obtenían alimentos gracias a la recolección de raíces, plantas y frutos, así como a través de la caza de pequeños animales silvestres (reptiles, roedores,…). Fueron aprendiendo paulatinamente a capturar piezas más grandes y también a pescar.
La observación del comportamiento de la naturaleza trajo consigo un cambio importante en el modo de vida. El ser humano fue domesticando las plantas y los animales, lo que provocó que los asentamientos de población pasaran a ser estables, formando pequeñas aldeas.
Todo parece indicar que la aparición de la agricultura y ganadería se produjo de forma paralela e independiente en distintos puntos del mundo, como Mesopotamia, Egipto, China, la India, los Andes y Centroamérica. Las aldeas crecieron en tamaño y en nivel de organización, dando lugar a las primeras ciudades.
La evolución no se detuvo y esas sociedades llegaron a alcanzar un grado de sofisticación muy elevado, sobre todo en el primer milenio antes de Cristo y en concreto con el apogeo de la Grecia clásica.
A finales de la prehistoria y en las primeras civilizaciones, el comercio estuvo fundamentado en el trueque de productos y servicios. Sin embargo, se fue haciendo más complejo conforme crecieron los excedentes de materias primas y manufacturas. Se inventó el dinero, comenzó a usarse la escritura y entró en juego el transporte marítimo.
Como grandes expertos en esta materia —comercio y navegación— encontramos a los fenicios, con los que se alcanzó el primer fenómeno de globalización; fue en el mar Mediterráneo”.
Y, claro está, la historia continuó, con la llegada de la antigua Roma, la Ruta de la Seda, Venecia, el dominio aragonés del Mediterráneo, el descubrimiento de América y la gran ruta comercial que unió Asia, América y Europa, en manos del Imperio español. Nada de todo ello habría ocurrido sin la llegada de la agricultura, verdadero fenómeno disruptivo que se conmemora este miércoles, 9 de septiembre.















