El Auditorio Municipal Sala Florida de Fraga ha acogido este miércoles, 10 de junio de 2026, la gala de entrega de los XXVIII Premios Félix de Azara de la Diputación Provincial de Huesca, una edición que ha tenido en el agua el gran hilo conductor y en la que el máximo galardón ha reconocido a los regantes de la provincia de Huesca, representados por Riegos del Alto Aragón y por el Canal de Aragón y Cataluña.
El presidente de la Diputación de Huesca, Isaac Claver, ha destacado durante su discurso que “cuando el campo habla de agua, está hablando del futuro de todos”. En este sentido, ha subrayado que “reconocer a los regantes supone reconocer una manera de construir la provincia, ya que los canales también sostienen pueblos”.
Isaac Claver ha defendido que “el agua es vida” y ha recordado que “allí donde llega cambia la tierra, la economía, la vida de las familias y la posibilidad de quedarse”. Por ello, ha reivindicado el papel histórico de los regantes y su capacidad de modernización: “Modernizar el regadío es aprender a respetar mejor el agua”, ha afirmado.
El Galardón Félix de Azara ha sido recogido por José Antonio Pradas, presidente de Riegos del Alto Aragón, y por José Luis Pérez, presidente de la Comunidad General de Regantes del Canal de Aragón y Cataluña, quienes han tomado la palabra en representación del sector.
Ambos han trasladado la importancia del regadío para el desarrollo económico, social y territorial de la provincia de Huesca, así como la necesidad de seguir avanzando en planificación, modernización, eficiencia e infraestructuras.
La elección de Fraga como sede del evento ha reforzado el carácter itinerante y provincial de estos premios. El alcalde de Fraga, Ignacio Gramún, ha ejercido como anfitrión de una gala celebrada en una ciudad especialmente vinculada al agua, la huerta y el trabajo agrícola, y en la que confluyen los dos grandes sistemas de riego de la provincia.
La ceremonia ha sido presentada por Mariano Navascués y la parte musical ha corrido a cargo de la artista local Lorena Margalló, acompañada por Iván Sampietro, con una actuación inspirada también en el agua.
Además del Galardón Félix de Azara, la Diputación de Huesca ha entregado el resto de reconocimientos de esta edición.
El Premio Internacional de Fotografía David Gómez Samitier ha sido para David García por Maladeta infinita, con accésits para Héctor Pérez por El guardián del amanecer y Luis Carlos Pascual por El guardián del silencio.
En centros escolares, el premio ha recaído en el CRA Cinca-Cinqueta por Inmersión geológica: viaje al centro de la peña Montañesa, y el accésit ha sido para el IES Lucas Mallada por Los árboles del Lucas.
En entidades sin ánimo de lucro, la Asociación Ueco ha sido reconocida por Rednaturaula, mientras que el accésit ha correspondido a Fundación Valentia Huesca, por su trabajo en el Centro de Interpretación de la Huerta de Valentia.
En medios de comunicación, el premio ha sido para Eduardo Ruiz de la Cruz, por Érase una vez Lucien Briet, y el accésit para Radio Jaca SER Pirineos, por su trabajo en SER Ciencia.
En ayudas a la edición, los premiados han sido Javier Villacampa, por Guía de campo: odonata de la Hoya de Huesca, y Carlos Enríquez, por 1752. La infancia del naturalista altoaragonés Félix de Azara.
Por último, las becas de investigación han recaído en la Escuela Politécnica Superior de Huesca, por su estudio comparativo sobre variedades de almendra del Alto Aragón, y en Jorge Sevil, por el proyecto Gecumi.
El presidente de la Diputación Provincial de Huesca ha cerrado su intervención con un mensaje de reconocimiento conjunto a todos los premiados: “El Alto Aragón tiene un patrimonio natural extraordinario pero tiene algo todavía más valioso: personas comprometidas con cuidarlo”. Y ha concluido que “el agua crea futuro cuando se gestiona con justicia y respeto”.
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HUESCA, HIJA DE PYRENE – Alto Gállego, un territorio siempre vivo
Todo lo que se pueda decir acerca de la belleza y la espectacularidad de los paisajes existentes en La Jacetania se puede trasladar a las estampas que brinda la comarca del Alto Gállego, también situada en la cordillera pirenaica y con capital en Sabiñánigo.
Alto Gállego. Es lo mismo que decir “la parte alta del río que viene de la Galia”. Este curso fluvial es el eje que articula la comarca de norte a sur; es algo similar a lo que ocurre con el resto de los territorios pirenaicos altoaragoneses —la citada Jacetania, el Sobrarbe y La Ribagorza—, aunque en cada caso con sus propias y naturales peculiaridades.
El Alto Gállego se encuentra entre montañas: las de los Pirineos y las del Prepirineo. Es la puerta de entrada occidental al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y es el límite noroeste del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara. Estos espacios son dos emblemas para los amantes de la naturaleza.
La comarca del Alto Gállego es una demarcación que prácticamente forma parte de Aragón desde el mismo momento en el que éste se constituyó como entidad política, allá por los tiempos de Carlomagno, el cual había ideado una marca o colchón fronterizo que separase su imperio respecto a al-Ándalus. Nacieron así varios condados, como el de Aragón, el de Sobrarbe y el de La Ribagorza.
El territorio que nos ocupa —el Alto Gállego— ofrece una ruta patrimonial que nos lleva casi hasta esa época y que cuenta con un encanto incuestionable. Es la compuesta por un rosario de iglesias a las que se conoce como “del Serrablo”. Se encuentran a lo largo del río que da nombre a esta comarca, en su margen izquierda u oriental, entre Biescas y Sabiñánigo.
Partiendo desde esta última localidad y casi a medio camino de la primera se halla la iglesia de San Pedro de Lárrede, a la que se pone como prototipo del ramillete monumental que conforman estos templos, datados a caballo entre los siglos X y XI, no sabiéndose muy bien si su estilo arquitectónico corresponde con la época visigoda o habría que hablar más de un Románico primigenio, y ello con ciertas influencias carolingias.
En época mucho más reciente y gracias a la llegada del ferrocarril, Sabiñánigo vivió un importante despegue industrial. Esa impronta todavía perdura, si bien comparte protagonismo con el sector servicios. De hecho, es una población que quiere aprovechar los beneficios del turismo, presentándose como punto desde el que acceder a los atractivos naturales, monumentales y recreativos del valle de Tena.
Es preciso citar en este punto las pruebas cicloturistas Quebrantahuesos y Treparriscos. Son multitudinarias y atraen a docenas de miles de personas, entre participantes y acompañantes. Estos deportistas recorren los Pirineos, aunando el esfuerzo sobre la bicicleta y la contemplación de parajes de gran belleza paisajística.
Lo cierto es que el valle de Tena no deja indiferente a nadie, y menos a los amantes del deporte del esquí. Tienen en esta zona dos estaciones alpinas: las de Formigal y Panticosa. A esta oferta se suman las posibilidades que este territorio ofrece para los aficionados a las travesías por montañas nevadas.
Panticosa es un enclave conocido también por su famoso balneario, situado a unos mil seiscientos metros de altitud. Ya era disfrutado en tiempos de la antigua Roma, recibiendo sucesivos impulsos en los últimos siglos. En la actualidad este complejo termal y hotelero, así como su entorno, siguen cautivando a sus visitantes, viviendo un nuevo resurgir.
Desde las instalaciones de este balneario se puede ascender hasta la zona conocida como “lagos de Panticosa”. Son un ejemplo de la cantidad de ibones existentes en los Pirineos. En este caso son una docena aproximada de masas de agua situadas en parajes de alta montaña.
Se trata de excursiones de no demasiada distancia pero sí exigentes desde un punto de vista de la preparación física del interesado, a causa del desnivel existente para llegar hasta los lagos de Bachimaña, Azules, Terrabay, Brazato,… Sí, está claro. Al hablar de todo esto, viene a la mente la historia de la princesa Pyrene y de sus lágrimas, que se convirtieron en ibones.
La agroalimentación y la gastronomía del Alto Gállego vienen a representar todo lo que las cuatro comarcas pirenaicas altoaragonesas ofrecen. ¿Cómo sustraerse a un buen plato de migas de pastor? Cada cual tiene su propia receta al respecto y es algo que gusta a prácticamente todo el mundo.
Sirva también de ejemplo un producto señero como es el Ternasco de Aragón, sin olvidar las elaboraciones culinarias basadas en el lechal tensino, el cabrito y la ternera ecológica. Además, este territorio no sólo genera buenas carnes, sino que ofrece igualmente quesos de calidad, mieles de alta montaña y cerveza artesana.
La ganadería extensiva del Alto Gállego y todo lo que la agroalimentación y la artesanía brindan a sus habitantes y visitantes tienen cabida en un certamen que se ha convertido en una cita ineludible: la Feria de Otoño de Biescas, con un protagonismo especial del queso.
Pero hay algo más doméstico e íntimo, algo que es común al conjunto de los Pirineos y, en particular, a la zona altoaragonesa de esta cordillera: las leyendas.
Es preciso ponerse en la piel de los habitantes de las montañas, con tiempo hostil fuera de sus casas y con muchas horas sin luz natural, con largas noches en invierno. Al calor de una hoguera y sentados en la cadiera, ¿cuántas historias habrán pasado de padres a hijos, transmitiendo de forma oral una cultura muy arraigada en el territorio y en sus gentes?
No es de extrañar que las viviendas, ésas que están construidas en piedra y con tejados de losas o pizarra, quedasen rematadas con chimeneas provistas de espantabrujas.
La Jacetania y el Alto Gállego son dos comarcas muy ricas en referencias a procesos inquisitoriales contra mujeres acusadas de brujería. Aquí, por supuesto, la imaginación tuvo perfecta cabida para convertir sucesos y episodios reales en relatos de hechicería, aunque nada tuviesen que ver con el mundo nigromante.
Hay también otro tipo de magia en el Alto Aragón: la esgrimida por colectivos como Amigos del Serrablo y por entusiastas como Ángel Orensanz y Julio Gavín. Su empeño permitió que tomasen forma espacios que aúnan pasado y contemporaneidad. Son el Museo Ángel Orensanz y Artes de Serrablo, y el Museo de Dibujo Julio Gavín-Castillo de Larrés, ambos ubicados en el municipio de Sabiñánigo.
La oferta cultural del Alto Gállego tiene, además, una cita destacada todos los veranos, ya que acoge en Lanuza el festival Pirineos Sur, con su escenario flotante sobre las aguas del embalse allí ubicado.
Esta comarca tiene mucho pasado y mucho presente, si bien quiere mirar al futuro. Para ello y para que sus gentes puedan aprovechar sus oportunidades de desarrollo personal y profesional, las comunicaciones se presentan como clave de bóveda.
En materia ferroviaria, duerme el sueño de los justos el proyecto que fue bautizado como Travesía Central del Pirineo, alternativa ferroviaria del siglo XXI para el Canfranc. Incluía un túnel bajo las montañas, en concreto bajo el macizo del Vignemale o de Comachibosa. Partiría del municipio de Biescas y llegaría al de Pierrefitte-Nestalas, con una longitud de casi cuarenta y dos kilómetros.
Para conectar España y Francia por carretera, este territorio cuenta con uno de los tres pasos que hay en el Alto Aragón. Es el de Portalet, siendo los otros dos los de Somport y Bielsa, en La Jacetania y el Sobrarbe, respectivamente.
La conexión con Huesca, Zaragoza, Madrid, Valencia y Barcelona ha quedado mejorada con la conversión del puerto de Monrepós en autovía, si bien el Alto Gállego y La Jacetania anhelan que se complete la construcción del eje Pamplona-Huesca-Lérida en cada una de sus zonas.
De momento, disfrutan del hecho de que una reivindicación —la carretera Yebra de Basa-Fiscal— ya sea una realidad; lo es desde hace algún tiempo. Este vial y el vetusto Eje Pirenaico, con su puerto de Cotefablo, permiten el acceso desde el Alto Gállego a Ordesa y Monte Perdido, espacio protegido situado en la vecina comarca del Sobrarbe.
Continuará.
Este texto es obra de Alberto Cebrián.
HUESCA, HIJA DE PYRENE. PRÓLOGO:
https://diariodelcampo.com/huesca-hija-de-pyrene-un-territorio-siempre-vivo-prologo/
HUESCA, HIJA DE PYRENE. LA JACETANIA:
https://diariodelcampo.com/huesca-hija-de-pyrene-la-jacetania-un-territorio-siempre-vivo/














