El proyecto CONBIOGRAIN pretende mejorar el control biológico de las plagas de artrópodos en el arroz almacenado. En el marco de esta iniciativa de investigación el IRTA de Cataluña evaluará el potencial de los dos ácaros depredadores más comunes en los almacenes de este cereal y de diversos parasitoides para hacer frente a la plagas de insectos que se encuentran de forma habitual. El objetivo es “reducir la aplicación de productos fitosanitarios, que pueden provocar resistencias en las plagas y, por tanto, ser menos eficaces a la hora de combatirlas”. El IRTA explica que “las plagas de insectos son habituales en los almacenes de granos de arroz” y que “actualmente la mayoría de soluciones a este problema pasan por la aplicación de productos fitosanitarios”. Añade que “la alternativa es el control biológico de las plagas utilizando organismos que se alimentan de los artrópodos plaga o los parasitan”.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.














