Además, su propuesta costilla de cerdo de Teruel, marinada en cerveza Export lo ha hecho merecedor del premio a la mejor croqueta elaborada con Cervezas Ambar; Garnet ha ganado en la categoría tradicional; Bunkerbar, en la innovadora; El Truco, en la apta para celiacos y el Albergue de Morata, en la categoría elaborada con Alimentos de Aragón. Flor de Lis ha conseguido el premio especial de Frutas Javier Mené. Rubén Saura, por su parte, ha ganado el premio de Aldelís a la mejor croqueta de las cocinas privadas.
La final se disputaba días atrás en las instalaciones del complejo hostelero Aura, en Zaragoza, con 23 finalistas que defendían sus propuestas ante el jurado profesional. Concluye así una edición de récord en la que 26.890 croquetas fueron contabilizadas tras computar el total de los votos depositados por el público en las urnas disponibles en los 43 establecimientos que participaron en este concurso organizado por El Gastrónomo Zaragozano, producido por Agencia Almozara.
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Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, firma el artículo “De la PYME al nuevo vasallaje rural”, en el que alerta sobre el nuevo feudalismo
Ramón Solanilla, secretario general de ASAJA Huesca y Aragón, se hace la pregunta siguiente: “¿Volvemos al feudalismo?”. Habla de “un cambio silencioso en el modelo económico, un cambio contra el autónomo”. Firma un artículo de opinión que titula “De la PYME al nuevo vasallaje rural”. Señala que “en el campo empieza a percibirse una realidad inquietante: cada vez hay menos espacio para el agricultor y ganadero autónomo, para el pequeño y mediano empresario; el sistema se está estructurando contra el autónomo, contra la explotación familiar, contra quien vive directamente de su trabajo”.
El responsable de ASAJA en Huesca y Aragón explica que “la tendencia en el campo es clara: todos los años desaparecen miles de explotaciones agrarias, PYMES familiares; en las últimas décadas, España ha perdido más del cincuenta por ciento de sus explotaciones agrarias, mientras aumenta el tamaño medio de las restantes”. Y añade: “Hoy el agricultor o ganadero abandona porque la normativa es cada vez más compleja, la burocracia más asfixiante, los costes más elevados y la rentabilidad más baja; a esto se suma un cambio silencioso pero decisivo: la tierra se ha convertido también en un activo de inversión”.
Ramón Solanilla presenta la conclusión siguiente: “Lo que está en juego en este momento de la historia no es sólo un modelo productivo, sino un modelo de sociedad, dado que el sistema ya no protege al que trabaja, sino al que tiene capacidad de aguantar o de invertir; estamos ante una nueva lucha de clases, no entre ideologías, sino entre modelos: el de quienes viven de su trabajo y el de un sistema que cada vez favorece más a quienes tienen estructura, dimensión y capacidad financiera”.













