El Partenariado del Agua del Ebro publicaba hace algunas fechas un artículo titulado “La agricultura con mayúsculas y el riego en negrita”. Su autora es Yolanda Gimeno, jefa del área de abastecimiento, medio ambiente y relaciones externas de Riegos del Alto Aragón. El artículo dice así:
“Muchas veces, cuando intentamos convencer de la enorme importancia de la agricultura de regadío, solo conseguimos el efecto contrario. Por algún motivo se hace complejo trasladar las muchas bondades de un modelo de agricultura y una forma de trabajo que indudablemente nos atrapa por su interés, complejidad y necesidad de visión holística.
Esta situación es vivida con incomprensión, ya que la agricultura de regadío forma parte intrínseca de nuestra cultura, y nuestro ser. Por eso estas líneas no pretenden convencer, tan solo poner de manifiesto algunas sospechas de su necesidad a futuro.
En nuestro imaginario pesa en exceso una imagen muy deteriorada del “ser agricultor” o en otras una visión utópica. La realidad es bien diferente, la agricultura de regadío constituye a día de hoy un sistema complejo que necesita de alta profesionalización, con una importante componente tecnológica y una necesidad de conocimientos empresariales y cierta dosis de riesgo, para hacer frente a profesión influida por múltiples componentes en un contexto económico muy volátil. Se tarda años en formar a un/a agricultor/a, pero a día de hoy además esa formación debe ser de alta calidad para responder a los retos de una explotación. Esta cuestión debe hacer apetecible el oficio, ya que, aunque nos definamos como un sector en permanente crisis, ¿qué sector a día de hoy no lo está?
Esta cuestión debe estar además apoyada en que la gestión del agua de riego y la soberanía alimentaria son temas demasiado serios como para concentrar su gestión en pocas manos. La historia reciente del sector eléctrico debe trasladarnos alguna importante enseñanza. Las comunidades de regantes, como interlocutores en gestión del agua de la administración, consolidan y protegen una gestión pública y corresponsable con la administración. En un mundo tensionado, esto constituye una garantía para la seguridad colectiva. Cualquier panorama futuro, sin gestión comunal o con gestión privada, por poner dos escenarios extremos, no reportará seguridad de suministro.
Donde la agricultura de regadío deja de ser operativa, asistimos a procesos de asilvestramiento del paisaje, que podemos pensar que son mejores, por esa unión entre pureza y salvaje. Nada más lejos de la realidad, ya que la calidad del pasaje acaba por deteriorar y tras una etapa corta de mejora de la diversidad, la falta de mantenimiento acaba por generar el efecto contrario. Existe una emergente conciencia de la necesidad de preservar todos los regadíos denominados históricos por su gran valor patrimonial y ambiental, sin embargo, no podemos fiar esta preservación a la voluntad política, si no tomamos conciencia de su importancia y de la enorme importancia de la agricultura de regadío que justifica su existencia.
Quedan muchas cuestiones en nuestra agricultura de regadío que perfeccionar, mejora de la gestión, autocontrol de la contaminación difusa, amplia cobertura de la digitalización. Retos que no son ajenos a los retos a los que se enfrentan hoy en día todas las áreas de actividad para dar respuesta a la actual crisis de modelo económico. Pero en el caso de la persona que trabaja la agricultura de regadío cuenta con el reto a la par positivo y negativo de operar en el medio rural.
Positivo, en un contexto de crecimiento y deshumanización de las urbes, de escenario pandémico, vivir en el medio rural es sinónimo de calidad de vida y de seguridad, con formas de habitar que están por llegar de la mano del Pacto Verde Europeo y los fondos Next Generation UE, y que se alejan de la imagen distorsionada de lo rural que nos aportan las estancias vacacionales o de ocio.
Y negativo, por la dificultad añadida de la falta de población y servicios para el asentamiento de la agricultura familiar, aunque a día de hoy se constate que la agricultura de regadío ha supuesto un importante freno a la despoblación, ya que donde no hay regadío se produce una desconexión entre la actividad agraria y el habitar en el medio rural.
La guerra de Ucrania posiblemente, no tenemos aún perspectiva para analizar, supondrá cambios importantes en el reparto de poder mundial, basado en la energía y la producción agraria. En este contexto de lineales vacíos y fantasma puntual de desabastecimiento, cobra importancia la relocalización de la producción. El contar con esa red de garantía que da la soberanía alimentaria, ese producir sin fiar a la importación. Ojalá sirva para también ser conscientes de la necesidad de la agricultura de regadío precisamente para disminuir la dependencia exterior y valorar el papel e importancia de la formación, capacitación y garantía de que nuestra agricultura de regadío funciona adecuadamente.
Podríamos añadir a este pequeño argumentario su contribución al PIB, los puestos de trabajos generados, datos que son fundamentales y de gran transcendencia para nuestro funcionamiento como país, pero no son capaces de generar ese apego entre la agricultura de regadío y las personas de nuestras ciudades. Son datos económicos vistos de forma lejana.
Por ello es importante todo lo demás, es importante empezar a tomar conciencia de que es la producción llevada a cabo en regadío la que tiene capacidad en el futuro de librarnos de situaciones de desabastecimiento, la que nos proporciona cierta garantía de calidad de vida y sobre todo la que mantiene viva la superficie agraria de nuestro país como un importante recurso en caso de necesitar incrementar la producción agraria, como está ocurriendo en la actualidad.
La agricultura de regadío es un más que interesante reto profesional para nuestros hijos e hijas, un sector en el que difícilmente encontrarán límite a su curiosidad y una fuente constante de motivación.
Y como dicen nuestros mayores “comer, hay que comer, y si es posible cinco veces al día” y es esta necesidad la que nos convierte en compañeros obligatorios de viaje, con una sociedad que debe cada día girar más su mirada hacia lo rural como futuro”.
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El X Foro Nacional de Desarrollo Rural aborda en Zaragoza la importancia de ganar dimensión en la empresa y de planificar el patrimonio familiar y agrario
Las dos primeras mesas técnicas del X Foro Nacional de Desarrollo Rural han abordado en el salón de actos de Feria de Zaragoza este miércoles, 11 de febrero de 2026, la “Geopolítica de los sistemas agroalimentarios” y la “Planificación fiscal y patrimonial en la empresa agraria”. Se ha incidido en la importancia de ganar dimensión empresarial y de planificar el patrimonio familiar y agrario.
El mundo de la empresa ha estado representado por Ángel Vallín, director comercial de Frutaria y Frutaria Innovación. Ha hablado sobre “la apuesta de esta firma por la innovación varietal, primando el sabor de la fruta, con la idea de activar su consumo a través del gusto, sin olvidar la buena apariencia del producto”.
Ha indicado que “el consumo de fruta ha sufrido un retroceso, motivado, según dicen los propios consumidores, por el precio, percepción negativa de su calidad y exceso de competencia de otros productos en los lineales”. Por ello, “es importante revertir la tendencia, para lo que es fundamental el concurso de la excelencia en la producción”.
Ignacio Atance, director del Servicio de Estudios de la Fundación Grupo Cajamar, ha analizado, por su parte, cómo está el sector agroalimentario en el momento presente. Dice que “la situación macroeconómica no es un problema hoy en día; otra cosa es cuando descendemos a la microeconomía, en la que encontramos explotaciones envejecidas, con problemas formativos y con elevados costes laborales”.
Indica que “hay que ganar dimensión empresarial, ya que la falta de tamaño no nos puede condicionar; la integración permite aumentar la estabilidad”. Añade a ello que “el carácter internacional de una firma, tanto en los suministros como en las ventas, ayuda a afrontar los retos actuales y futuros, aunque hay que tener en cuenta el oportuno cuidado con el riesgo-país de cada Estado”.
El gerente comercial de Negocio Agroalimentario de Ibercaja, José Antonio Domínguez, ha coordinado la mesa técnica sobre “Planificación en la empresa agraria”, enlazando con lo apuntado anteriormente, en el sentido de que “estamos obligados en las explotaciones agrarias a aumentar en tamaño, lo cual debe contar con una buena planificación”.
Se ha incidido mucho en ese término: planificación. Ésta debe ser financiera pero también fiscal, patrimonial y a la hora de acometer el relevo generacional. Y no debe improvisarse, sino que se debe recabar información, analizarla y reflexionar sobre ello para una adecuada toma de decisiones.
Juan Linares, director de la Asesoría Fiscal de Ibercaja, se ha centrado en el proceso de transmisión de una explotación agraria de una generación a otra. Ha dicho que “es algo que se debe planificar con perspectiva y a largo plazo”.
Recomienda a padres e hijos a hablar, teniendo en cuenta la esperanza de vida actual, la vocación de los herederos,… Y aconseja introducir buenas dosis de meditación al respecto. Es rotundo al afirmar que “los beneficios no sólo serán económicos, sino que además redundará en algo muy importante: la paz familiar”.















