DIARIO DEL CAMPO
La primera edición de El Reto, iniciativa de cooperación LEADER, ha seleccionado once proyectos impulsados por veintisiete emprendedores. Están vinculados a once grupos de acción local y se desarrollarán en veintidós localidades aragonesas. El Reto se enmarca en los proyectos La Era Rural, Concilia, Pon Aragón en tu Mesa, Birding Aragón y Pueblos Vivos.
El objetivo es “trabajar de manera coordinada por el desarrollo de los territorios rurales; se trata de conectar a personas emprendedoras de diferentes territorios y favorecer la creación de proyectos colaborativos, capaces de sumar conocimientos, recursos y capacidades para dar respuesta a necesidades y oportunidades del medio rural”.
Los once proyectos seleccionados, que pasan a la fase de comunicación y difusión, son los siguientes:
– Centro de alojamiento en Miedes de Aragón. Creación de un centro de alojamiento flexible, mediante la rehabilitación de viviendas en Miedes de Aragón.
– BATÁN. Creación de una marca textil artesanal compartida a partir de lana local y plantas tintóreas autóctonas, en Valderrobres y Arens de Lledó.
– Experiencias en familia para descubrir jugando. Diseño de experiencias familiares de juego libre en la naturaleza, combinando oficios artesanos y vínculos intergeneracionales, en Capdesaso y Sariñena.
– Experiencia Gastronómica y Alojamiento en Miedes. Proyecto que combina alojamiento rural y talleres de gastronomía tradicional, en Miedes de Aragón.
– El Despertar de los Sentidos. Una experiencia sensorial en cuatro etapas que conecta productores agroalimentarios, alimentación y bienestar a través del yoga, en Ejea de losCaballeros, Rivas, Tauste y Las Pedrosas.
– PROYECTO RAÍZ. Modelo de digitalización rural basado en inteligencia artificial, automatizaciones y ciberseguridad, en Curbe y Biscarrués.
– Estrellas a la carta. Creación de experiencias nocturnas personalizadas que combinan astroturismo, gastronomía local y fotografía en la Sierra de Albarracín.
– NAÏRA: Raíz que se lleva en la piel. Producto cosmético-textil colaborativo que combina una mascarilla de regaliz, discos reutilizables y un neceser, desarrollado desde Pina de Ebro, Peralta de Alcofea y Odón.
– Centro de Turismo de Montaña. Creación de un espacio compartido de acogida, información y servicios para el turismo activo en el Sobrarbe.
– Pastores de biodiversidad. Experiencia turística que conecta ganadería extensiva, gastronomía local y conservación de la biodiversidad en el valle de Benasque.
– Retiros: El Sabor de lo Auténtico. Organización de cuatro retiros estacionales centrados en alimentación consciente, cocina y bienestar en la naturaleza, entre Valderrobres y Caspe.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











