Nace en la localidad turolense de Torrecilla de Alcañiz, en el Bajo Aragón, una nueva marca de aceite de oliva. Se denomina 4.Oleum y se presenta como “aceite de oliva virgen extra (AOVE) sostenible obtenido mediante olivicultura de precisión”. Ha sido elaborado con la variedad Empeltre y calificado como Virgen Extra por el Panel de Cata Oficial de Aragón.
Desde 4.Oleum se indica que estamos ante “un proyecto joven que ha apostado por añadir los avances de la olivicultura de precisión y digitalización del campo para obtener un AOVE Premium y sostenible”.
Este proyecto basa la toma de decisiones en la información obtenida a través de la tecnología. Se usan las siguientes herramientas:
– Estación meteorológica: Registra todos los fenómenos atmosféricos que pueden afectar al olivar (pluviometría, temperatura, intensidad de los vientos y radiación solar).
– Dendómetro: Adosado al tronco del árbol detecta microvariaciones en el diámetro del tronco, y permite conocer en tiempo real el estado del árbol y su interacción con los agentes atmosféricos externos.
– Sensores de suelo: Situados estratégicamente y enterrados a distintas profundidades, miden la temperatura, humedad y la conductividad.
– Control de maduración: Se realizan muestreos siguiendo parámetros científicos y estadísticos para conocer el estado de maduración de la aceituna y tomar la decisión idónea para iniciar la recolección.
– Análisis de hoja para diseñar el plan de fertilización: Los resultados de estas analíticas nos indican la cantidad de micronutrientes y macronutrientes que demandan los olivos.
– Control de plagas mediante monitoreo de trampas.
– Toma de imágenes aéreas mediante drones y satélite, para el control del crecimiento vegetativo y la detección de carencias y enfermedades.
Las aceitunas de la variedad Empeltre fueron recolectadas a principios de noviembre mediante vibración suave de los olivos, y posteriormente transportadas en cajas hasta la almazara en vehículos refrigerados a temperatura controlada.
4.Oleum indica que “el Panel de Cata Oficial de Aragón ha calificado este aceite de oliva como Virgen Extra, y ha destacado su excelente frutado (4,6) y el equilibrio entre notas amargas y picantes”.
Se ha envasado en botella de cristal de 250 y 500 mililitros.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.










