El Campus de Huesca (de la Universidad de Zaragoza) ha premiado a 18 alumnos por sus expedientes académicos. Reciben los Premios Extraordinarios de Fin de Carrera de manera digital. Además, Pablo Sen, Clara Ferrer, Jesús Pedro Val y Mónica Callejón reciben el reconocimiento en Ciencias Agrarias de la Escuela Politécnica Superior de Huesca.
Los Premios Extraordinarios de Fin de Carrera son los siguientes:
– Educación: Verónica Wilcox, Sandra Valle, Irene Pallás, Izarbe Benítez, David Albiasu y Jennifer Cerezo.
– Ciencias Agrarias y Ambientales: Javier Guallar, Patricia Berges y Jesús Pedro Val.
– Gestión Pública y Empresarial: Ana Lordán, María Teresa Oliva y Óscar Zambrano.
– Ciencias de la Salud y del Deporte: Ramón García, Andrea Peiro, Rebeca Clemente, Laura Simón, Mari Cruz Navascués y Belén Martínez.
La Escuela Politécnica Superior de Huesca, en colaboración con los colegios profesionales, premia también los mejores trabajos de fin de grado o máster presentados:
– El primer premio para trabajos de fin de grado que otorga el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Aragón ha sido para Pablo Sen por su “Estudio del suelo y del sistema de riego sobre la acumulación en carbono orgánico del suelo y su relación con la estructura”.
– El segundo premio ha sido para la estudiante de Ingeniería Agroalimentaria y del Medio Rural Clara Ferrer por su trabajo sobre el comportamiento de variedades de vid tolerantes a enfermedades fúngicas en la Denominación de Origen Vino del Somontano.
– Un análisis del riesgo de incendios en el trabajo agrícola realizado con cosechadoras ha dado el premio Francisco de los Ríos, que entrega el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Aragón, Navarra y País Vasco, a Jesús Pedro Val, estudiante del Máster en Ingeniería Agronómica.
– Mónica Callejón ha obtenido el premio Caja de Ingenieros a estudiantes de nuevo ingreso de la Escuela Politécnica Superior, en el que se valora el rendimiento académico, la integración en la Universidad y el compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU.
– Carlos Montull ha obtenido el primer premio de la Asociación de Ciencias Ambientales de Aragón por el estudio sobre la competencia, con los galápagos autóctonos en los ríos y lagos de Aragón, del galápago de Florida (una subespecie de tortuga, que se vendía como mascota).
– Y Mario Gaspar ha obtenido el segundo premio de esta disciplina por su trabajo de caracterización ecológica y análisis del estado de conservación de los ibones de Vallibierna, situados en el Valle de Benasque, dentro del Parque Natural Posets-Maladeta.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.










