Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

sábado, 27 de noviembre de 2021

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La compra de tierras es uno de los retos a los que se enfrentan los jóvenes que quieren ser agricultores o que quieren aumentar su explotación. Es el tema que aborda José Antonio Turrado, secretario general de ASAJA Castilla y León, en su artículo titulado “El problema de las hipotecas sobre fincas rústicas”.

Habla de pegas y problemas a la hora de acceder a la financiación, como herencia de tiempos en los que a las fincas rústicas se acercaban quienes buscaban “fines especulativos”. Reconoce que se va a tener que hacer un esfuerzo importante para convencer al Banco de España y a la banca de la diferencia entre un agricultor y un especulador.

EL PROBLEMA DE LAS HIPOTECAS SOBRE FINCAS RÚSTICAS

Me ha costado entender las razones por las que los bancos no son más proactivos ofreciendo productos financieros con hipoteca sobre fincas rústicas, y sobre todo cuando el dinero es para comprar la propia finca y labrarla de forma personal y directa.

La tierra es un bien seguro cuyo valor no ha dejado de crecer en las últimas décadas, es un bien que no se deteriora por un mal uso o actuación maliciosa del usuario (como ocurre por ejemplo con una vivienda o local comercial), y la elevada demanda hace que el banco se pueda desprender fácilmente de su activo inmobiliario si tiene que efectuar una ejecución hipotecaria.

Es muy difícil de entender que todavía hoy un joven agricultor pueda acceder con facilidad a un préstamo hipotecario para comprar su primera vivienda en una ciudad o cabecera de comarca (a un plazo de veinticinco o treinta años) y que, por el contrario, todo sean pegas para financiar la compra de una finca que, además de su valor intrínseco, produce (con una hipoteca que en ningún caso será superior a quince años).

Creo que por fin tengo la respuesta. Indagando en los datos que ofrece el INE, en los años anteriores a la crisis económica de 2008 se dieron cantidades ingentes de préstamos hipotecarios sobre fincas rústicas, con cifras de unos 11 millones cada mes en una provincia rural como es la de León. En esa misma provincia hoy la media está en 4 millones al mes, pero ha habido muchos años con cifras de un millón al mes.

Y es que la mayoría de las fincas hipotecadas, con la calificación de rústicas, eran fincas compradas con fines especulativos para su recalificación en suelo urbano, fincas de grandes tenedores de terreno que esperaban un golpe urbanístico, a base muchas veces de sobornos, para multiplicar su capital.

Los bancos entraron en ese juego dando hipotecas sobre fincas rústicas como si fueran urbanas, y la crisis económica terminó con esta madeja que a punto estuvo de dar al traste con la economía española, después de hacer quebrar a los bancos y cajas menos solventes.

Hablar hoy de hipotecar fincas rústicas es mentar “la bicha”, porque los directivos de los bancos y los directivos del organismo regulador, el Banco de España, no pueden evitar poner la mente en esa cantidad de terreno “cuarenta veces refinanciado” que se compró e hipotecó por varias veces su valor real, y que hoy nadie quiere a ningún precio.

El problema de los agricultores y ganaderos es que, cuando vamos al banco a pedir una hipoteca para comprar fincas, nos miran como a los especuladores de la pasada década que soñaban con construir pisos.

El Banco de España sigue receloso a este producto y obliga a provisionar a la mínima que el banco aumente el activo; por lo tanto, ninguna entidad se lanza a una campaña para captar clientes de hipotecas.

Nos va a costar hacer ver y entender al Banco de España primero, y a los consejos de administración de la escasa docena de bancos que operan hoy en nuestro país, que el producto que demandamos los agricultores nada tiene que ver con el que le ofrecían a inmobiliarias y constructores.

Nosotros compramos las tierras por su valor actual, no pensando en una revalorización a futuro. Compramos para producir y además sabemos cómo hacerlo porque las trabajamos de forma personal y directa. Y las compramos desde un sector, el agropecuario, que es el que tiene una menor morosidad de todos los sectores productivos de nuestro país, y por supuesto menor también que la existente en los préstamos al consumo de particulares.

En resumen, necesitamos comprar tierras para poder seguir siendo agricultores y necesitamos para comprarlas que los bancos nos vean como agricultores y no como especuladores.

Comprar tierra, que no es un bien amortizable, sólo es posible si eres rico de familia o si el banco cree en tu proyecto y te presta el dinero. Es nuestro papel presentar proyectos creíbles, pero necesitamos que el sistema financiero nos mire sin prejuicios, sin la rémora que otros crearon”.

José Antonio Turrado, secretario general de ASAJA Castilla y León

8 de enero de 2021

Otras noticias

Nace la marca Trufa Negra d’Aragón

Se ha constituido la federación de asociaciones vinculadas con la trufa negra (Tuber melanosporum) de Aragón y ha presentado la marca conjunta Trufa Negra d’Aragón. Es el resultado de la unión de la Asociación de Recolectores y Cultivadores de Trufa de Aragón (Huesca), Asociación de Jóvenes Truficultores de Teruel y Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa Negra de las comarcas de Zaragoza. El objetivo que persiguen la nueva federación y la nueva marca conjunta es “potenciar la imagen, de tal manera que quien adquiera Trufa Negra d’Aragón lo haga sabiendo que está comprando un producto de calidad contrastada”.

Se cuenta con el respaldo de entidades como el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA) de Aragón y como el Centro de Investigación y Experimentación en Truficultura (CIET), ubicado en Graus (Huesca).

Se ha presentado un informe sobre el sector de la trufa en Aragón:

Aragón se consolida como una de las mayores zonas productoras de trufa del mundo. La truficultura es una actividad que se encuentra en pleno proceso de desarrollo en este territorio, con un crecimiento aproximado de quinientas hectáreas anuales y con una superficie de diez mil kilómetros cuadrados aptos para el desarrollo de la trufa negra. El cuarenta y cuatro por ciento de los viveros de planta micorrizada de España se encuentra en Aragón, y suponen cerca del setenta y cinco por ciento del total de la producción anual del país, con alrededor de trescientos cincuenta mil plantones. El once por ciento del total mundial de las plantaciones productoras de trufa negra se encuentran en Aragón y se estima que el cincuenta por ciento de la producción global de estos hongos es aragonés”.

26 de noviembre de 2021 |
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