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sábado, 10 de octubre de 2026

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Nace INNOVA para poner en marcha la fábrica de piensos de El Poyo del Cid (Teruel)

Oviaragón, Portesa y Piensos Sol (Progasa) han constituido la empresa Innovaciones Nutricionales Ovinas de Aragón (INNOVA), a través de la cual han adquirido la fábrica de piensos situada en El Poyo del Cid (Teruel) y la han vuelto a poner en marcha. Continúa su labor por el momento con cuatro trabajadores y con dos líneas de granulación y otra de ensacado.

Las tres citadas empresas constituyentes de INNOVA se presentan como “firmas de largo recorrido y experiencia en el sector agroalimentario, con el objetivo común de crear valor en el territorio y atender las necesidades de los ganaderos de la manera más eficiente posible”.

Oviaragón explica que, a principios de agosto, INNOVA adquiría la fábrica de piensos Sociedad Cooperativa Limitada del Campo Esperanza del Jiloca (CEJI), ubicada en El Poyo del Cid y que se encontraba en concurso de acreedores.

El lunes 10 de agosto se retomaba la actividad, contando con parte de los trabajadores de la compañía anterior; inicialmente se comenzaba con un turno de fabricación para producir 20.000 toneladas anuales (irá aumentando la producción con el tiempo).

El plan es incorporar más turnos de producción. A corto plazo “se realizarán inversiones para generar más producto y de mayor calidad, con el fin de mejorar la nutrición y alimentación animal de las distintas especies que se producen en la provincia de Teruel (especialmente porcino y ovino)”.

Oviaragón describe así las instalaciones adquiridas: “Son una fábrica de pienso de tipo premolienda y una nave almacén de 1.500 metros cuadrados; y los silos tienen una capacidad total de almacenamiento de materia prima de 5.900 metros cúbicos, 150 metros cúbicos de almacenamiento de líquidos y 800 metros cúbicos de producto acabado”.

Concluye que “con esta operación se asegura una producción competitiva de pienso de cordero y un suministro eficiente a socios, clientes y cebaderos”.

24 de agosto de 2020

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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