Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

sábado, 10 de octubre de 2026

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Los sectores porcino (capa blanca), vacuno y avícola suponen dos tercios de la Producción Final Ganadera

Feria de Zaragoza ha celebrado (como antesala de FIGAN 2021) una jornada técnica on line que ha llevado por título “Perspectiva de los mercados pecuarios 2020-2021”. Ha participado Carlos Buxadé, asesor de FIGAN 2021, el cual ha dado detalles sobre los sectores cárnicos del porcino (de capa blanca), vacuno y avícola.

Esos tres sectores suponen dos terceras partes de la Producción Final Ganadera. El porcino supone el 42 por ciento, el bovino alcanza el 15,4 por ciento y el avícola se sitúa en el 12,8 por ciento.

El valor de la Producción Final Agraria en España está en 50.600 millones de euros, siendo 19.600 millones de euros los que corresponden a la Producción Final Ganadera.

Carlos Buxadé indica que en el conjunto de Europa ocurre lo contrario que en España, es decir, que el peso de la ganadería es superior al peso de la agricultura.

VACUNO

La carne de vacuno española supone un 9 por ciento del conjunto de la Unión Europea, siendo Francia el principal productor. España genera 700.000 toneladas de producto, siendo el consumo aparente en nuestro país de 13,4 kilos por persona y año.

AVE

Polonia es el principal productor, siendo un 12,9 por ciento el peso que representa España en este sector, con 5.000 granjas y un valor económico de 2.500 millones de euros. El consumo está en 36,2 kilos por persona y año.

PORCINO

Alemania es el primer productor, seguido por España (que representa un 19,8 por ciento). El valor asciende a 8.247 millones de euros, con 86.500 explotaciones y una producción de 4,6 millones de toneladas. El consumo llega a los 57 kilos.

9 de septiembre de 2020

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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