El Consejo de Ministros de Agricultura de la Unión Europea, reunido en Luxemburgo, ha dado su visto bueno al acuerdo alcanzado entre Consejo y Parlamento Europeo para una nueva Política Agraria Común (PAC), para el periodo 2023-2027. Ahora los Estados miembros tienen hasta el 31 de diciembre para redactar sus respectivos planes estratégicos nacionales.
Europa ya tiene acuerdo (a falta de ciertos trámites) para que los Estados miembros aborden la aplicación de la nueva PAC en sus territorios. Tienen como fecha límite el 31 de diciembre. Posteriormente la Comisión Europea les dará el visto bueno y comenzará a aplicarse la nueva Política Agraria Común el 1 de enero de 2023.
España se va a reunir en Conferencia Sectorial de Agricultura en la primera quincena de julio. Allí, con las comunidades autónomas, tomará un acuerdo político sobre cómo aplicar la PAC en este territorio. La redacción del plan estratégico nacional se acometerá a lo largo de este segundo semestre de año.
La nueva PAC establece que el 25 por ciento de los pagos directos corresponde a los ecoesquemas, es decir, a una serie de buenas prácticas ambientales que hacen coincidir la Política Agraria con las Estrategias Del Campo a la Granja y Biodiversidad 2030, así como con el Pacto Verde Europeo.
La novedad se encuentra en la condicionalidad social, con dos años de flexibilidad en su aplicación.
El comisario europeo de Agricultura, Janusz Wojciechowski; la ministra de Agricultura de Portugal (que ha presidido el Consejo), Maria do Céu Antunes; y el ministro de Agricultura de España, Luis Planas, han mostrado su satisfacción por el paso dado este lunes en Luxemburgo.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.










