La Asociación de Ganaderos de Alta Montaña (GAM) alerta de la grave situación que está atravesando este colectivo por culpa de las adversas condiciones meteorológicas, en forma de sequía extrema y temperaturas muy altas. La citada asociación ha emitido un comunicado descriptivo de la situación. Un extracto del mismo es el siguiente:
“Los ganaderos se están encontrando con graves dificultades para poder alimentar a sus ganados, a lo que hay que unir la escasez de agua en determinadas localizaciones y puertos de montaña en los que en esta época acostumbran a pastar los rebaños.
Estas circunstancias están llevando a que los ganaderos de vacas nodrizas y ovino deban aumentar drásticamente la atención y costes para el cuidado de los rebaños, pues se les debe aportar alimentación extra externa y suministrar agua en ubicaciones en las que disponían históricamente de la misma.
Esto, unido al encarecimiento de la alimentación y de los costes de energía, está llevando a que estén entrando en pérdidas económicas que hacen cuestionar la continuidad de las explotaciones.
Las administraciones deben ser consecuentes respecto a estas circunstancias y tomar cartas en el asunto, dotándoles de apoyo logístico y medios para que esta situación, dramática y en ocasiones dantesca, no continúe por más tiempo; a su vez se piden ayudas de minimis eficaces para poder hacer frente a la descapitalización de los ganaderos y medidas fiscales excepcionales.
Si desaparecen los ganados, después se perderán los paisajes que ya constituyen en muchos territorios del Pirineo el mayor activo para el desarrollo económico y social de sus poblaciones. Hay que facilitar las mejores condiciones para el mantenimiento y desarrollo de la ganadería extensiva en el Pirineo porque es necesaria para la protección y mantenimiento de paisajes y pueblos”.
Otras noticias
Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











