La Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA) hace balance de las ventas de este producto en el mes de agosto de este año. La exportación caía en un 8,7 por ciento, por el retroceso en los envíos a China y Emiratos Árabes Unidos (compensado en parte por el incremento del comercio con destino a Arabia Saudí, Jordania y Corea del Sur).
Los datos en términos absolutos son los siguientes: Las exportaciones de alfalfa española se situaron en 137.147 toneladas de forrajes deshidratados (89.893 en formato bala y 47.254 en pellets).
AEFA habla de los efectos negativos que está teniendo la pandemia de la COVID-19 en el comercio internacional: “Incremento del precio de los fletes, falta de equipos para la exportación, poco espacio disponible en los buques y fortaleza del euro frente al dólar”.
Todo ello está lastrando las ventas internacionales, especialmente al mercado chino (han caído en un 80 por ciento) y a Emiratos Árabes (se han reducido en un 24 por ciento).
AEFA habla también en positivo, refiriéndose en este caso a mercados como Arabia Saudí, Jordania y Corea del Sur, destinos en los que las ventas se han incrementado notablemente.
En relación al acumulado del año, las exportaciones de alfalfa deshidratada han sido de 526.322 toneladas, de las cuales 382.764 han sido en formato bala y 143.558 han correspondido a pellets (está creciendo el porcentaje de venta de pellets).
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Unión de Uniones lamenta “la falta de contundencia del Gobierno de España en su respuesta a la crisis de la peste porcina africana y la falta de responsabilidad, al derivar a las comunidades autónomas la reducción del número de jabalíes”. Pide, además, reflexionar sobre la ubicación de laboratorios.
La citada organización profesional agraria insiste en la prevención y en la contención y erradicación del foco. En este sentido, pide “medidas contundentes y eficaces, como la reducción de fauna salvaje (jabalíes) o el vaciado de granjas de la zona afectada”.
Y añade: “Ya habrá tiempo de pedir responsabilidades a quien corresponda, si finalmente se llega a la conclusión de que ha sido un fallo de bioseguridad de un laboratorio”.
Considera que “habría que reflexionar sobre si la ubicación de las instalaciones de confinamiento biológico de las cepas de referencia es la más idónea”.
Cree que, “si hay un laboratorio que investiga la enfermedad y en pocos kilómetros a la redonda hay animales que pueden contagiarse, el peligro de epidemia es muchísimo mayor en caso de producirse un fallo de contención del virus”.












